Cargaba a la bebita en mis brazos mientras corría a toda prisa por el tupido bosque. Mientras dejaba atrás las siluetas en ferviente combate podía percibir, mientras me alejaba más y más, el olor de la madera ardiendo por el incendio que abrazaba a toda la foresta en la cercanía al reino. No podía dejar de lamentar lo ocurrido,
el asedio de esos monstruos había tenido un éxito rotundo, la mayoría de las locaciones del reino estaban completamente devastadas. Mientras pasaba por las aldeas vecinas tenía que abrirme paso batiéndome frente a goblins, trasgos, orcos y criaturas similares. Me preocuaba de alguna forma la pequeña niña, cuyos ojos me miraban como si fueran hipnotizándome cada vez que me encontraba con su mirada.
De pronto me dí cuenta de que había emprendido una carrera prácticamente inhumana. Era veloz cruzando estos bosques, pero no tan veloz como para lo que había recorrido en tan solo unos minutos. Me percaté que mi agitación solamente se debía a la emoción por la batalla. No estaba cansado, ni siquiera había derramado una gota de sudor a pesar de lo precipitada que fue mi huida. Extrañado me detuve, me oculté en los matorrales cerca del camino para tomar un descanso innecesario. Comencé a examinar la situación y me encontré solamente con el panorama agitado de un incendio que parecía estarnos persiguiendo, gritos de agonía y desesperación se escuchaban en la lejanía. De pronto mi corazón dio un fuerte palpitar, no había sentido esa presencia en años. Alertado adopté instantáneamente posición de combate, pero nada se aproximaba, aquella emanación de energía negativa se movía erráticamente hasta que dio en un punto que no pude ignorar, sentía el frío en mi pecho, junto a mi brazo, donde cargaba a Daeryn, con un sudor frío miré la cara de la bebita, y aquellos apacibles e inocentes ojos parecían no estar atentos a nada, mas su color había cambiado, sus ojos estaban de color rojo intenso, como si ardieran. Su mirada estaba acompañada de un fulgor carmesí que parecía brotar del interior de su pequeño cuerpo. De pronto me di cuenta de que no solamente ella estaba envuelta en el fulgor, sino que mi ser completo estaba expeliendo esa energía, sin embargo la fuente era el ser que portaba conmigo. Extrañado por un par de minutos, decidí echar a andar nuevamente, no podía perder más tiempo en estos dominios, pronto el bosque completo sería arrasado y los engendros comenzarían a establecerse. Mientras seguía corriendo, pasado un rato, sentí más peso en mi brazo, y una manita acariciando mi mejilla. Esta vez impactado por completo me detuve y volví a mirar a Daeryn, que para mi
completo asombro, lucía como una pequeña de 5 años de edad! En un acto torpe casi la dejo caer al suelo, pero rápidamente recuperé la compostura y logré detener su caída. La tomé con mis dos brazos y la puse lentamente sobre el piso. La pequeñita me miraba con una sonrisa angelical, mientras en su preciosa frente veía como se asomaban las puntas de lo que reconocí como cuernos. Daeryn cambió completamente su expresión, comenzaba a sentir el dolor que eso producía, instintivamente corrió hacia mi con los ojos en lágrimas, entre sollozos y quejas atiné a abrazarla, mientras sentía sus quejidos por el dolor que producía su evidente transformación. Mientras trataba de consolarla, la sentí gritar aún más fuerte, y veía como una cola se asomaba seguida de un par de alas en su espalda, los chillidos de la pobre criatura parecieron estremecer el bosque completo. Yo sólo pude abrazarla más fuerte, cuando de pronto sentí el giro de un proyectil que se dirigía hacia nosotros. Tardíamente alcancé a reaccionar cuando vi que el proyectil se estrellaba contra mi antebrazo, pero más asombrado quedé al ver que el extraño chi en el que estaba envuelto lo deshacía por completo y mi herida se cerraba al instante. Al ver semejante fenómeno el trasgo que la había arrojado, huyó despavorido en busca de lo que intuí que era una avanzada del enemigo, en nuestra dirección.
el asedio de esos monstruos había tenido un éxito rotundo, la mayoría de las locaciones del reino estaban completamente devastadas. Mientras pasaba por las aldeas vecinas tenía que abrirme paso batiéndome frente a goblins, trasgos, orcos y criaturas similares. Me preocuaba de alguna forma la pequeña niña, cuyos ojos me miraban como si fueran hipnotizándome cada vez que me encontraba con su mirada.
De pronto me dí cuenta de que había emprendido una carrera prácticamente inhumana. Era veloz cruzando estos bosques, pero no tan veloz como para lo que había recorrido en tan solo unos minutos. Me percaté que mi agitación solamente se debía a la emoción por la batalla. No estaba cansado, ni siquiera había derramado una gota de sudor a pesar de lo precipitada que fue mi huida. Extrañado me detuve, me oculté en los matorrales cerca del camino para tomar un descanso innecesario. Comencé a examinar la situación y me encontré solamente con el panorama agitado de un incendio que parecía estarnos persiguiendo, gritos de agonía y desesperación se escuchaban en la lejanía. De pronto mi corazón dio un fuerte palpitar, no había sentido esa presencia en años. Alertado adopté instantáneamente posición de combate, pero nada se aproximaba, aquella emanación de energía negativa se movía erráticamente hasta que dio en un punto que no pude ignorar, sentía el frío en mi pecho, junto a mi brazo, donde cargaba a Daeryn, con un sudor frío miré la cara de la bebita, y aquellos apacibles e inocentes ojos parecían no estar atentos a nada, mas su color había cambiado, sus ojos estaban de color rojo intenso, como si ardieran. Su mirada estaba acompañada de un fulgor carmesí que parecía brotar del interior de su pequeño cuerpo. De pronto me di cuenta de que no solamente ella estaba envuelta en el fulgor, sino que mi ser completo estaba expeliendo esa energía, sin embargo la fuente era el ser que portaba conmigo. Extrañado por un par de minutos, decidí echar a andar nuevamente, no podía perder más tiempo en estos dominios, pronto el bosque completo sería arrasado y los engendros comenzarían a establecerse. Mientras seguía corriendo, pasado un rato, sentí más peso en mi brazo, y una manita acariciando mi mejilla. Esta vez impactado por completo me detuve y volví a mirar a Daeryn, que para mi
completo asombro, lucía como una pequeña de 5 años de edad! En un acto torpe casi la dejo caer al suelo, pero rápidamente recuperé la compostura y logré detener su caída. La tomé con mis dos brazos y la puse lentamente sobre el piso. La pequeñita me miraba con una sonrisa angelical, mientras en su preciosa frente veía como se asomaban las puntas de lo que reconocí como cuernos. Daeryn cambió completamente su expresión, comenzaba a sentir el dolor que eso producía, instintivamente corrió hacia mi con los ojos en lágrimas, entre sollozos y quejas atiné a abrazarla, mientras sentía sus quejidos por el dolor que producía su evidente transformación. Mientras trataba de consolarla, la sentí gritar aún más fuerte, y veía como una cola se asomaba seguida de un par de alas en su espalda, los chillidos de la pobre criatura parecieron estremecer el bosque completo. Yo sólo pude abrazarla más fuerte, cuando de pronto sentí el giro de un proyectil que se dirigía hacia nosotros. Tardíamente alcancé a reaccionar cuando vi que el proyectil se estrellaba contra mi antebrazo, pero más asombrado quedé al ver que el extraño chi en el que estaba envuelto lo deshacía por completo y mi herida se cerraba al instante. Al ver semejante fenómeno el trasgo que la había arrojado, huyó despavorido en busca de lo que intuí que era una avanzada del enemigo, en nuestra dirección.
"Maldita sea!" pensé.
Era un scout y por si fuera poco el engendro corría vociferando dos palabras en el retorcido lenguaje goblinoide, a todo lo que daban sus pulmones:
"¡Un mago! ¡un mago!..."
Sin pensar en nada y habiendo olvidado todo lo que había pasado cogí a la pequeña niña y comencé nuevamente a correr cuan rápido me fue posible. En mi mente se dibujó una sola idea, recordé a la caprichosa anciana que habitaba en una gruta no muy lejos de aquí. Tenía que encontrarla, bruja de los vientos solían llamarle, ella sabría que hacer con mi extraña acompañante. Aún cuando sabía lo poco hospitalaria que era la anciana ermitaña tendría que arriesgarme a ir en su búsqueda, no tenía otra opción en las condiciones en las que viajaban y si algo era cierto, el tiempo marchaba en mi contra. No dejaba de pensar esto mientras veía como Daeryn, en mis brazos, comenzaba manejar su colita cada vez con más y más destreza, como si una daga se tratara.
Pasados los minutos llegué donde suponía que vivía la anciana bruja, pero no encontré más que una desierta morada como si hubiera yacido abandonada hace mucho. Agobiado por la preocupación solté un suspiro acompañado por una tierna carcajada de Daeryn, que ahora parecía una muchacha de 10 años. Ya no podía engañarme más, la criatura era un híbrido, sangre demoniaca corría por sus venas y yo tendría que darle muerte, tarde o temprano.
Con el seño fruncido y mi mente llena de preocupaciones, dejé a Daeryn sobre el suelo. Durante unos minutos me mantuve de pie frente a la muchacha, que me miraba fijamente, como si predijiera lo que ocurría. Con la mirada preocupada bajó su cabeza mirando solamente el suelo. Ahí se quedó, inmovil, esperando lo que ella y yo muy bien sabíamos que ocurriría. Lentamente di un paso hacía atrás y desenfundé una de mis hachas. Con mayor lentitud aún, alzé mi arma para terminar con todo. Durante un breve instante el mundo pareció detendio y un completo silencio se apoderó de la escena. Sentía todo mi cuerpo frío y el remordimiento comenzaba a carcomerme sin siquiera haber ejecutado acción alguna. Mi respiración se agitó y mi brazo comenzab a temblar. Daeryn alzó su mirada. Ni siquiera las lágrimas en sus hermosos ojos detenían la perforante mirada que tenía. En ese instante cerré mis ojos, y sin pensarlo más dirigí el filo del hacha hacía Daeryn con toda la fuerza que tenía. En ese mismo instante sentí una briza cálida a mi alrededor y sin haberme dado cuenta, detuve mi ataque justo antes de tocar a la muchacha. No encontraba respuesta en mi mente para semejante acción, me preguntaba y me preguntaba, incesantemente, pero no encontraba razón coherente. Lo único que sabía, era que no pude hacerlo. Inmediatamente después del acto, Daeryn se precipitó a abrazarme. Sentí otro golpe en el corazón y tuve que contener mis lágrimas ante tal acción. La esperanza vino a mi mente cuando pensé en la remota posibilidad de que su corazón no estuviera del todo contaminado por su vil linaje. Sacudí un poco mi cabeza para volver en mi, como si todo hubiera sido un sueño. Me disponía a envainar mi arma, cuando sentí trás de nosotros algo que se movía. Rápidamente reaccioné y alcancé a empujar a Daeryn al suelo, cuando recibí un fuerte golpe a mi costado. Mientras volaba por el aire, reconocí la fuente de mi agresión, un guardíán, no podía ser otra cosa que una de las criaturas al servicio de la bruja. Entre alegría y preocupación fui a parar azotado contra un árbol cercano. Tarde unos segundos en recuperar la compostura cuando vi frente a mi a la criatura. Yacía ante mí una enorme maza de aire que rotaba en torno a si mismo, era un elemental de aire. Sin tener tiempo para pensar en nada, vi a la criatura juntar sus puños para asestar el próximo golpe. Con toda la velocidad que me permitía mi aturdido cuerpo, descendí al suelo logrando esquivar a la mole de aire. Tras de mi escuchaba como el árbol que hace un rato resistió mi aterrisaje ahora era desplomado por el potente golpe del elemental. Recuperando el balance saque mi otra hacha y corrí a recuperar la que había perdido. El gigante de aire, para mi asombro, con una agilidad sobrenatural, recuperó el balance y emprendió vuelo en mi persecución. Mientras escapaba de la mole enfurecida, sentía como mis pasos se tornaban más rápidos, igual que durante mi escapatoria de la invasión. Era esa extraña aura carmesí denuevo, pero esta vez no podía haber llegado en mejor situación, puesto que al recuperar mi otra hacha y darme la vuelta recibí la embestida del elemental que venía tras de mí. Sentía como si el mismo viento me arrastrara por el bosque arrasando con cuanto estuviera en su camino. Rápidamente fui a parar otra vez contra un arbol. Enfurecido abaniqué mi dos armas contra el pecho de la mole de aire. Sin importarme si hacían efecto o no, imprimí un potente golpe sobre la criatura. Para mi asombro los quejidos que dió me indicarón que el ataque había surtido efecto. Era el aura que rodeaba mis armas, lo que dañaba al elemental, no podía creer la presencia de Daeryn me estuviera salvando de una muerte segura contra la criatura que tenía enfrente.
La muchacha por su lado estaba junto a un arbol, con sus brazos sobre su cabeza, como si cuidara de que algo pudiera caerle encima. De su cuerpo emanaba la energía que rodeaba todo la escena. De alguna forma, inconcientemente, nos protegía, a ella y a mi.
Volviendo a mi batalla con el monstruo de viento, me percaté que sus ojos me miraban con furia. En un rápido movimiento se precipitó nuevamente contra mí, girándo como un gran trompo. En vez de tratar de esquivarlo, me armé de valor para ir a su encuentro, contando con una destreza sobrehumana de mi lado, me arrojé contra él, pasando a milímetros el uno del otro. Con mis armas traté de darle a la masa de aire que pasaba junto ami a gran velocidad. En le siguiente instante caí al suelo perdiendo vuelo. Me puse de pie lo más rápido que pude, para ver como la criatura caía al suelo, dañada por mi ataque. El elemental estaba lo suficientemente herido como para perder la capacidad de permanecer en este plano, pero no desistió de la taballa sino hasta que apareció otroa entidad.
La silueta de una mujer se dibujó en el aire y susurró algo al elemental que lo hizo marcharse en paz. Luego se acercó a mí y dijo con una voz muy suave:
Pasados los minutos llegué donde suponía que vivía la anciana bruja, pero no encontré más que una desierta morada como si hubiera yacido abandonada hace mucho. Agobiado por la preocupación solté un suspiro acompañado por una tierna carcajada de Daeryn, que ahora parecía una muchacha de 10 años. Ya no podía engañarme más, la criatura era un híbrido, sangre demoniaca corría por sus venas y yo tendría que darle muerte, tarde o temprano.
Con el seño fruncido y mi mente llena de preocupaciones, dejé a Daeryn sobre el suelo. Durante unos minutos me mantuve de pie frente a la muchacha, que me miraba fijamente, como si predijiera lo que ocurría. Con la mirada preocupada bajó su cabeza mirando solamente el suelo. Ahí se quedó, inmovil, esperando lo que ella y yo muy bien sabíamos que ocurriría. Lentamente di un paso hacía atrás y desenfundé una de mis hachas. Con mayor lentitud aún, alzé mi arma para terminar con todo. Durante un breve instante el mundo pareció detendio y un completo silencio se apoderó de la escena. Sentía todo mi cuerpo frío y el remordimiento comenzaba a carcomerme sin siquiera haber ejecutado acción alguna. Mi respiración se agitó y mi brazo comenzab a temblar. Daeryn alzó su mirada. Ni siquiera las lágrimas en sus hermosos ojos detenían la perforante mirada que tenía. En ese instante cerré mis ojos, y sin pensarlo más dirigí el filo del hacha hacía Daeryn con toda la fuerza que tenía. En ese mismo instante sentí una briza cálida a mi alrededor y sin haberme dado cuenta, detuve mi ataque justo antes de tocar a la muchacha. No encontraba respuesta en mi mente para semejante acción, me preguntaba y me preguntaba, incesantemente, pero no encontraba razón coherente. Lo único que sabía, era que no pude hacerlo. Inmediatamente después del acto, Daeryn se precipitó a abrazarme. Sentí otro golpe en el corazón y tuve que contener mis lágrimas ante tal acción. La esperanza vino a mi mente cuando pensé en la remota posibilidad de que su corazón no estuviera del todo contaminado por su vil linaje. Sacudí un poco mi cabeza para volver en mi, como si todo hubiera sido un sueño. Me disponía a envainar mi arma, cuando sentí trás de nosotros algo que se movía. Rápidamente reaccioné y alcancé a empujar a Daeryn al suelo, cuando recibí un fuerte golpe a mi costado. Mientras volaba por el aire, reconocí la fuente de mi agresión, un guardíán, no podía ser otra cosa que una de las criaturas al servicio de la bruja. Entre alegría y preocupación fui a parar azotado contra un árbol cercano. Tarde unos segundos en recuperar la compostura cuando vi frente a mi a la criatura. Yacía ante mí una enorme maza de aire que rotaba en torno a si mismo, era un elemental de aire. Sin tener tiempo para pensar en nada, vi a la criatura juntar sus puños para asestar el próximo golpe. Con toda la velocidad que me permitía mi aturdido cuerpo, descendí al suelo logrando esquivar a la mole de aire. Tras de mi escuchaba como el árbol que hace un rato resistió mi aterrisaje ahora era desplomado por el potente golpe del elemental. Recuperando el balance saque mi otra hacha y corrí a recuperar la que había perdido. El gigante de aire, para mi asombro, con una agilidad sobrenatural, recuperó el balance y emprendió vuelo en mi persecución. Mientras escapaba de la mole enfurecida, sentía como mis pasos se tornaban más rápidos, igual que durante mi escapatoria de la invasión. Era esa extraña aura carmesí denuevo, pero esta vez no podía haber llegado en mejor situación, puesto que al recuperar mi otra hacha y darme la vuelta recibí la embestida del elemental que venía tras de mí. Sentía como si el mismo viento me arrastrara por el bosque arrasando con cuanto estuviera en su camino. Rápidamente fui a parar otra vez contra un arbol. Enfurecido abaniqué mi dos armas contra el pecho de la mole de aire. Sin importarme si hacían efecto o no, imprimí un potente golpe sobre la criatura. Para mi asombro los quejidos que dió me indicarón que el ataque había surtido efecto. Era el aura que rodeaba mis armas, lo que dañaba al elemental, no podía creer la presencia de Daeryn me estuviera salvando de una muerte segura contra la criatura que tenía enfrente.
La muchacha por su lado estaba junto a un arbol, con sus brazos sobre su cabeza, como si cuidara de que algo pudiera caerle encima. De su cuerpo emanaba la energía que rodeaba todo la escena. De alguna forma, inconcientemente, nos protegía, a ella y a mi.
Volviendo a mi batalla con el monstruo de viento, me percaté que sus ojos me miraban con furia. En un rápido movimiento se precipitó nuevamente contra mí, girándo como un gran trompo. En vez de tratar de esquivarlo, me armé de valor para ir a su encuentro, contando con una destreza sobrehumana de mi lado, me arrojé contra él, pasando a milímetros el uno del otro. Con mis armas traté de darle a la masa de aire que pasaba junto ami a gran velocidad. En le siguiente instante caí al suelo perdiendo vuelo. Me puse de pie lo más rápido que pude, para ver como la criatura caía al suelo, dañada por mi ataque. El elemental estaba lo suficientemente herido como para perder la capacidad de permanecer en este plano, pero no desistió de la taballa sino hasta que apareció otroa entidad.
La silueta de una mujer se dibujó en el aire y susurró algo al elemental que lo hizo marcharse en paz. Luego se acercó a mí y dijo con una voz muy suave:
"Buscabas a la señora, ¿no es así?"
(continuará...)