Tan sublime es el don de la creación que muy pocos ostentan alguna expresión de ese talento. Cierto es que su antítesis es la destrucción, pero en relación al impacto que genera el don de la creación, son necesarias innumerables fuentes de destrucción para opacar su magnificencia. Hemos allí entonces, la razón del por qué existen tan pocas fuentes de lo primero, y tantas de lo segundo.