abril 02, 2010

La mirada del olvido ~ Diámora (Parte 2)

Era como si un ángel estuviera a mi lado todo el tiempo. A sus 17 años de edad, no había criatura que hubiese visto que ostentara hermosura con semejante esplendor, sus cabellos, dorados y largos parecían un manto celestial que cubría su perfecta figura. A veces me costaba creer que no se tratará de una aparición divina, pero algo extraño sucedía con su mirada, ya no era la misma, por primera vez, en el tiempo que llevaba a su lado, me di cuenta de que algo la aquejaba. Por primera vez no era perfecta.
Terminada la jornada del día me acerqué a platicar con ella. Era una tarde preciosa y el sol se ponía en el horizonte. Cuando se disponía a marchar a palacio la detuve y le pregunté qué era lo que sucedía, pero su mirada me evitaba, era la primera vez que Diámora me ocultaba sus ojos. Con un mal presentimiento volví a preguntar qué era lo que le afligía y ella, con su dulce voz respondió, que nada acaecía. Con la vista perdida de preocupación alcé un poco mi mirada y distinguí una lágrima que corría por su mejilla. Sin poder contenerme más, delicadamente, dirigí mi mano hacia su rostro, lo tomé, y lo enfrenté con mi preocupada mirada. Entonces me miró con una tristeza que jamás había visto en ella. Las lágrimas brotaban de sus hermosos ojos esmeralda como si la lluvia los hubiese invadido. No tardé en darme cuenta que aquel brillo característico de su mirada estaba desapareciendo, su mirada parecía opacada y de cierto modo mi vista se cansaba con tan solo mantenerlos en mira. Escuche su voz diciéndome entre sollozos:

“Me cuesta verte maestro. Siento que la luz abandona mi mirada”

Atónito permanecí en silencio por unos segundos. Volviendo a mis sentidos traté de calmarla y seguí preguntando:

“Calma mi niña, ¿Cuándo comenzó todo esto?”

Abrazándome fuertemente respondió entre más llantos:

“Desde el día de mi cumpleaños.”

Continuó exclamando, mientras sus llantos aumentaban:

“Maestro. Siento que los dioses me están castigando. ¡Qué ha sido lo que he hecho!”

Al mismo tiempo en que la muchacha mencionaba a los dioses vino a mí el recuerdo de la mirada preocupada de su padre el día del nacimiento de Diámora. Comenzaba a darle cabida a aquellos rumores que se contaban acerca del destino que esperaba a la princesa. A caso, ¿sería esto a lo que se referían?. No estaba seguro de nada, me sentía perdido, pero algo tenía que hacer para calmarla. Atiné solamente a abrazarla fuertemente y decirle:

“Ya, tranquila mi niña, ya verás como todo saldrá bien. Te acompañaré a casa ahora. Necesitas descansar.”

(continuará...)

marzo 28, 2010

Mi espíritu, mi victoria

En un momento de flaqueza comencé nuevamente a sentir la presión de mi maldición, comencé a odiar, sentía ira por aquella que me había abandonado, mis ojos se tornaban rojos y mi piel se hacía más oscura que la noche, mi cabello tomaba una vez más el siniestro aspecto del ébano. Intrincadas llagas negras marcaban mi ya oscura piel, mas frente a ellas lucía como si fuera la más clara de las tonalidades, manchada por la sangre que manaba de las heridas. Perdía poco a poco la cordura para entregarme a la bestia, me rendía lentamente ante las ideas que invadían mi torturada mente. Mi corazón iba siendo despojado de su luz cuando por primera vez escuche la extraña voz. El frío se detuvo y mi conciencia volvía.

“No odies, ama. Atesorarla en tu corazón y guarda su recuerdo si así debe ser. Sé que eres capaz, yo he depositado toda mi fe en ti, yo he confiado en que serás capaz de seguir adelante. Puedes derramar una lágrima para ella una e incontables veces, porque estas hecho de algo que ya no existe en tu mundo. Yo confío en ti.”

El tiempo pareció detenerse y el soplido del viento se convirtió en una briza calma. Las enfurecidas gotas de lluvia eran ahora pequeños cristales descendiendo del hermoso cielo, que ahora, con otros ojos miraba.

Fue la primera vez que me vencí a mí mismo, fue la primera vez que me sentía realmente victorioso. Nunca supe de dónde vino, ni quien era. Sólo sé que no me abandonó, y me encontró cuando más necesitaba de su apoyo. Ya no era un prisionero, el heraldo de la furia había sido derrotado.

Aruma había perdido a su caballero...

Zyndarius

Canción: In Flames - "My Sweet Shadow"

L'Cha'Kohk d'Avuna ~ El Sello de la Furia ~

“A pesar de los años que han transcurrido, sigo preguntándome si lo que hice aquél día fue lo correcto. Tal vez los grandes poderes habían determinado que era mi hora y yo no quise aceptarlo. ¿Habrá sido el destino o mi egoísmo? Creo que jamás lo sabré sino hasta el día de mi juicio.
Para ella su sello había dado nacimiento a un nuevo campeón, para mí, había surgido mi más profunda maldición. Un yugo que cargo con dificultad incluso el día de hoy. Recuerdo como si fuese el día de ayer cuando Aruma se presentó ante mí, cuando ella salvó mi vida a cambio de la misma...”

Zyndarius