Tan sublime es el don de la creación que muy pocos ostentan alguna expresión de ese talento. Cierto es que su antítesis es la destrucción, pero en relación al impacto que genera el don de la creación, son necesarias innumerables fuentes de destrucción para opacar su magnificencia. Hemos allí entonces, la razón del por qué existen tan pocas fuentes de lo primero, y tantas de lo segundo.
Experimento personal con el fin de compartir reflexiones, pensamientos y también creaciones de un mundo de fantasía, que a veces no lo es tanto.
noviembre 07, 2010
octubre 16, 2010
Si amara a alguien
De repente vienen a la mente ideas bonitas. En estos momentos me digo a mí mismo "Por qué no las escribes, así no las vas a olvidar". ¿Golpes de genialidad?, no lo creo. Después de todo la obra no es tan excelsa como yo lo quisiera.
Si amara a alguien,
dueña mi corazón encontraría.
Si amara a alguien,
besos me faltarían y de aquella,
todos ellos serían.
Si amara a alguien,
hasta que mis energías faltaran,
a ella la abrazaría.
Si amara a alguien,
en aquella pensaría y mis ideas,
sólo a ella pertenecerían.
Si pudiera...
Si tan solo pudiera...
Si pudiera amar a alguien...
julio 07, 2010
La mirada del olvido ~ Diámora (Parte 3)
Hubiera preferido ir al infierno antes de saber, que aquello que le dije ese día, era una inconsciente mentira. Diámora estaba perdiendo la vista, por una razón que desconocía. Ese mismo día pasé la noche en las antiguas arcas del reino, buscado, indagando entre escritos y letras por una pista. Así pasé mis días desde que hablé con Diámora. No podía entender qué era lo que sucedía, hasta que por un descuido tropecé y caí al suelo helado. Perdí la conciencia por un instante debido al cansancio de los últimos días, mas mi vista logró distinguir un desperfecto en el piso, uno que no había visto antes. La piedra allí estaba trabajada y el espacio entre los bloques era ligeramente más ancho que en el resto del diseño. Oculto en constante penumbra resultaba de difícil detección puesto que ni luz diurna ni de antorchas alcanzaban el lugar donde entonces me encontraba. Comencé a examinar y descubrí que varios de los bloques estaba flojos, más mis fuerzas no eran suficientes para mover siquiera uno. Entonces recurrí a un conjuro de levitación que me sirvió para librar el obstáculo. No fue sin menos concentración que tuve que ingresar en el cuarto que ocultaban los bloques pétreos. La estancia estaba protegida por una magia muy fuerte, casi tanto que muchas veces pensé que perdería la conciencia debido a la presión que las ondas mágicas ejercían sobre mí. Conforme avanzaba el cuarto parecía iluminarse por los mismos medios mágicos, mostrando figuras en los muros de piedra, figuras que no pertenecían a ninguna de las religiones que pude haber estudiado. El tiempo parecía líquido en la estancia y mientras más avanzaba las esculturas en los muros iban mostrándome lo que parecía ser una ceremonia, mas no estaba seguro. Cuando llegué al final de la estancia me encontré con un altar y muchos pergaminos desparramados por el piso. Me llamó la atención la escultura principal que poseía el altar, estaba hecha no de piedra sino de oro. La figura era de un ángel, una hermosa mujer postrada sobre sus rodillas y con las manos unidas en señal de rezo, dos piedras eran sus ojos, dos esmeraldas. Con un poco de alegría recordé a mi querida pupila al ver la estatua, pero aquel sentimiento se esfumó cuando evoqué por qué me encontraba allí.
Retomé mi búsqueda entre los documentos esparcidos en el piso, muchos estaban escritos en lenguas que me eran desconocidas. Durante un rato creí que estaba perdido, no podía dar con algo que me brindara conocimiento, hasta que poco a poco comencé a notar similitudes en algunos escritos. No era un lenguaje, más bien era un código. Mientras más avanzaba la situación menos me agradaba. ¿De qué se trataba todo esto?, ¿Qué era lo que había que ocultar?, las preguntas invadían mi agotada mente. Había olvidado que me encontraba bajo constante ataque mágico, mis resistencias mermaron por unos segundos y fue suficiente para que las visiones se apoderaran de mi mente. El tiempo pareció detenerse y los muros cobraron vida ante mis ojos. Era una marcha, una precesión, una larga fila de personas marchaba hasta donde yo me encontraba, hasta la cima del altar. Quienes precedían la marcha parecían de linaje real y uno de ellos portaba un bulto en sus brazos. A pesar de invasión mental y el cansancio, no me costó relacionar la escena con el estado de la princesa. En un instante otra imagen llegó a mi mente, y estaba yo entré los dos monarcas que se acercaban a mí. De pronto sentí el viento tras de mí y el batido de unas alas, miré y allí estaba la figura de oro que parecía haber cobrado vida, sus ojos brillaban con luz verdosa, estaba herida, gravemente herida. No entendía que era lo que sucedía, hasta que miré hacia el horizonte. No había lugar a donde mirara donde no hubiese muerte y guerra. Parecía un enfrentamiento entre criaturas de planos exteriores, algo que jamás había presenciado. Nuevamente otra escena golpeó mi mente. Era el ángel que en sus manos tomaba al bebé, pronunciaba unas palabras cuyo sonido no llegaba a mis oídos mientras comenzaba a emanar luz de todo su cuerpo. En el acto el frío se apoderó de mi cuerpo e instintivamente dirigí la vista tras de mí. Distinguí la figura de una mujer, tan hermosa como el frío y el mal que su presencia irradiaba. Para mi sorpresa, lucía como Diámora, pero sus cabellos eran de un oscuro negro así como también sus ojos, vestía túnicas oscuras y traslúcidas, su piel, clara, estaba adornada por intrincados símbolos, tallados en la carne misma manando sangre como si de heridas eternas se tratara. Las uñas en sus pies y manos daban la impresión de ser delicadas hojas de azabache. Comprendí que era el avatar de una entidad poderosa, sentía como el miedo invadía mi ser a la vez que era tranquilizado por la presencia del ángel dorado.
(continuará...)
Retomé mi búsqueda entre los documentos esparcidos en el piso, muchos estaban escritos en lenguas que me eran desconocidas. Durante un rato creí que estaba perdido, no podía dar con algo que me brindara conocimiento, hasta que poco a poco comencé a notar similitudes en algunos escritos. No era un lenguaje, más bien era un código. Mientras más avanzaba la situación menos me agradaba. ¿De qué se trataba todo esto?, ¿Qué era lo que había que ocultar?, las preguntas invadían mi agotada mente. Había olvidado que me encontraba bajo constante ataque mágico, mis resistencias mermaron por unos segundos y fue suficiente para que las visiones se apoderaran de mi mente. El tiempo pareció detenerse y los muros cobraron vida ante mis ojos. Era una marcha, una precesión, una larga fila de personas marchaba hasta donde yo me encontraba, hasta la cima del altar. Quienes precedían la marcha parecían de linaje real y uno de ellos portaba un bulto en sus brazos. A pesar de invasión mental y el cansancio, no me costó relacionar la escena con el estado de la princesa. En un instante otra imagen llegó a mi mente, y estaba yo entré los dos monarcas que se acercaban a mí. De pronto sentí el viento tras de mí y el batido de unas alas, miré y allí estaba la figura de oro que parecía haber cobrado vida, sus ojos brillaban con luz verdosa, estaba herida, gravemente herida. No entendía que era lo que sucedía, hasta que miré hacia el horizonte. No había lugar a donde mirara donde no hubiese muerte y guerra. Parecía un enfrentamiento entre criaturas de planos exteriores, algo que jamás había presenciado. Nuevamente otra escena golpeó mi mente. Era el ángel que en sus manos tomaba al bebé, pronunciaba unas palabras cuyo sonido no llegaba a mis oídos mientras comenzaba a emanar luz de todo su cuerpo. En el acto el frío se apoderó de mi cuerpo e instintivamente dirigí la vista tras de mí. Distinguí la figura de una mujer, tan hermosa como el frío y el mal que su presencia irradiaba. Para mi sorpresa, lucía como Diámora, pero sus cabellos eran de un oscuro negro así como también sus ojos, vestía túnicas oscuras y traslúcidas, su piel, clara, estaba adornada por intrincados símbolos, tallados en la carne misma manando sangre como si de heridas eternas se tratara. Las uñas en sus pies y manos daban la impresión de ser delicadas hojas de azabache. Comprendí que era el avatar de una entidad poderosa, sentía como el miedo invadía mi ser a la vez que era tranquilizado por la presencia del ángel dorado.
(continuará...)
mayo 05, 2010
Citas: En el fin del mundo...
"Y si así fuera, y el fin del mundo se acercara. Me bastaría tan solo un segundo, para mirarte a los ojos y así dar sentido a todo lo que me vida pudo haber recorrido hasta ese momento."
Esta fue la última de las citas que han venido a mi mente, si bien recuerdo, la fecha exacta fue el 3 de Mayo 2010.
por Javier Ruiz Cosignani
Esta fue la última de las citas que han venido a mi mente, si bien recuerdo, la fecha exacta fue el 3 de Mayo 2010.
abril 02, 2010
La mirada del olvido ~ Diámora (Parte 2)
Era como si un ángel estuviera a mi lado todo el tiempo. A sus 17 años de edad, no había criatura que hubiese visto que ostentara hermosura con semejante esplendor, sus cabellos, dorados y largos parecían un manto celestial que cubría su perfecta figura. A veces me costaba creer que no se tratará de una aparición divina, pero algo extraño sucedía con su mirada, ya no era la misma, por primera vez, en el tiempo que llevaba a su lado, me di cuenta de que algo la aquejaba. Por primera vez no era perfecta.
Terminada la jornada del día me acerqué a platicar con ella. Era una tarde preciosa y el sol se ponía en el horizonte. Cuando se disponía a marchar a palacio la detuve y le pregunté qué era lo que sucedía, pero su mirada me evitaba, era la primera vez que Diámora me ocultaba sus ojos. Con un mal presentimiento volví a preguntar qué era lo que le afligía y ella, con su dulce voz respondió, que nada acaecía. Con la vista perdida de preocupación alcé un poco mi mirada y distinguí una lágrima que corría por su mejilla. Sin poder contenerme más, delicadamente, dirigí mi mano hacia su rostro, lo tomé, y lo enfrenté con mi preocupada mirada. Entonces me miró con una tristeza que jamás había visto en ella. Las lágrimas brotaban de sus hermosos ojos esmeralda como si la lluvia los hubiese invadido. No tardé en darme cuenta que aquel brillo característico de su mirada estaba desapareciendo, su mirada parecía opacada y de cierto modo mi vista se cansaba con tan solo mantenerlos en mira. Escuche su voz diciéndome entre sollozos:
“Me cuesta verte maestro. Siento que la luz abandona mi mirada”
Atónito permanecí en silencio por unos segundos. Volviendo a mis sentidos traté de calmarla y seguí preguntando:
“Calma mi niña, ¿Cuándo comenzó todo esto?”
Abrazándome fuertemente respondió entre más llantos:
“Desde el día de mi cumpleaños.”
Continuó exclamando, mientras sus llantos aumentaban:
“Maestro. Siento que los dioses me están castigando. ¡Qué ha sido lo que he hecho!”
Al mismo tiempo en que la muchacha mencionaba a los dioses vino a mí el recuerdo de la mirada preocupada de su padre el día del nacimiento de Diámora. Comenzaba a darle cabida a aquellos rumores que se contaban acerca del destino que esperaba a la princesa. A caso, ¿sería esto a lo que se referían?. No estaba seguro de nada, me sentía perdido, pero algo tenía que hacer para calmarla. Atiné solamente a abrazarla fuertemente y decirle:
“Ya, tranquila mi niña, ya verás como todo saldrá bien. Te acompañaré a casa ahora. Necesitas descansar.”
(continuará...)
Terminada la jornada del día me acerqué a platicar con ella. Era una tarde preciosa y el sol se ponía en el horizonte. Cuando se disponía a marchar a palacio la detuve y le pregunté qué era lo que sucedía, pero su mirada me evitaba, era la primera vez que Diámora me ocultaba sus ojos. Con un mal presentimiento volví a preguntar qué era lo que le afligía y ella, con su dulce voz respondió, que nada acaecía. Con la vista perdida de preocupación alcé un poco mi mirada y distinguí una lágrima que corría por su mejilla. Sin poder contenerme más, delicadamente, dirigí mi mano hacia su rostro, lo tomé, y lo enfrenté con mi preocupada mirada. Entonces me miró con una tristeza que jamás había visto en ella. Las lágrimas brotaban de sus hermosos ojos esmeralda como si la lluvia los hubiese invadido. No tardé en darme cuenta que aquel brillo característico de su mirada estaba desapareciendo, su mirada parecía opacada y de cierto modo mi vista se cansaba con tan solo mantenerlos en mira. Escuche su voz diciéndome entre sollozos:
“Me cuesta verte maestro. Siento que la luz abandona mi mirada”
Atónito permanecí en silencio por unos segundos. Volviendo a mis sentidos traté de calmarla y seguí preguntando:
“Calma mi niña, ¿Cuándo comenzó todo esto?”
Abrazándome fuertemente respondió entre más llantos:
“Desde el día de mi cumpleaños.”
Continuó exclamando, mientras sus llantos aumentaban:
“Maestro. Siento que los dioses me están castigando. ¡Qué ha sido lo que he hecho!”
Al mismo tiempo en que la muchacha mencionaba a los dioses vino a mí el recuerdo de la mirada preocupada de su padre el día del nacimiento de Diámora. Comenzaba a darle cabida a aquellos rumores que se contaban acerca del destino que esperaba a la princesa. A caso, ¿sería esto a lo que se referían?. No estaba seguro de nada, me sentía perdido, pero algo tenía que hacer para calmarla. Atiné solamente a abrazarla fuertemente y decirle:
“Ya, tranquila mi niña, ya verás como todo saldrá bien. Te acompañaré a casa ahora. Necesitas descansar.”
(continuará...)
marzo 28, 2010
Mi espíritu, mi victoria
En un momento de flaqueza comencé nuevamente a sentir la presión de mi maldición, comencé a odiar, sentía ira por aquella que me había abandonado, mis ojos se tornaban rojos y mi piel se hacía más oscura que la noche, mi cabello tomaba una vez más el siniestro aspecto del ébano. Intrincadas llagas negras marcaban mi ya oscura piel, mas frente a ellas lucía como si fuera la más clara de las tonalidades, manchada por la sangre que manaba de las heridas. Perdía poco a poco la cordura para entregarme a la bestia, me rendía lentamente ante las ideas que invadían mi torturada mente. Mi corazón iba siendo despojado de su luz cuando por primera vez escuche la extraña voz. El frío se detuvo y mi conciencia volvía.
“No odies, ama. Atesorarla en tu corazón y guarda su recuerdo si así debe ser. Sé que eres capaz, yo he depositado toda mi fe en ti, yo he confiado en que serás capaz de seguir adelante. Puedes derramar una lágrima para ella una e incontables veces, porque estas hecho de algo que ya no existe en tu mundo. Yo confío en ti.”
El tiempo pareció detenerse y el soplido del viento se convirtió en una briza calma. Las enfurecidas gotas de lluvia eran ahora pequeños cristales descendiendo del hermoso cielo, que ahora, con otros ojos miraba.
Fue la primera vez que me vencí a mí mismo, fue la primera vez que me sentía realmente victorioso. Nunca supe de dónde vino, ni quien era. Sólo sé que no me abandonó, y me encontró cuando más necesitaba de su apoyo. Ya no era un prisionero, el heraldo de la furia había sido derrotado.
Aruma había perdido a su caballero...
“No odies, ama. Atesorarla en tu corazón y guarda su recuerdo si así debe ser. Sé que eres capaz, yo he depositado toda mi fe en ti, yo he confiado en que serás capaz de seguir adelante. Puedes derramar una lágrima para ella una e incontables veces, porque estas hecho de algo que ya no existe en tu mundo. Yo confío en ti.”
El tiempo pareció detenerse y el soplido del viento se convirtió en una briza calma. Las enfurecidas gotas de lluvia eran ahora pequeños cristales descendiendo del hermoso cielo, que ahora, con otros ojos miraba.
Fue la primera vez que me vencí a mí mismo, fue la primera vez que me sentía realmente victorioso. Nunca supe de dónde vino, ni quien era. Sólo sé que no me abandonó, y me encontró cuando más necesitaba de su apoyo. Ya no era un prisionero, el heraldo de la furia había sido derrotado.
Aruma había perdido a su caballero...
Zyndarius
Canción: In Flames - "My Sweet Shadow"
L'Cha'Kohk d'Avuna ~ El Sello de la Furia ~
“A pesar de los años que han transcurrido, sigo preguntándome si lo que hice aquél día fue lo correcto. Tal vez los grandes poderes habían determinado que era mi hora y yo no quise aceptarlo. ¿Habrá sido el destino o mi egoísmo? Creo que jamás lo sabré sino hasta el día de mi juicio.
Para ella su sello había dado nacimiento a un nuevo campeón, para mí, había surgido mi más profunda maldición. Un yugo que cargo con dificultad incluso el día de hoy. Recuerdo como si fuese el día de ayer cuando Aruma se presentó ante mí, cuando ella salvó mi vida a cambio de la misma...”
Para ella su sello había dado nacimiento a un nuevo campeón, para mí, había surgido mi más profunda maldición. Un yugo que cargo con dificultad incluso el día de hoy. Recuerdo como si fuese el día de ayer cuando Aruma se presentó ante mí, cuando ella salvó mi vida a cambio de la misma...”
Zyndarius
marzo 19, 2010
La mirada del olvido ~ Diámora (Parte 1)
Desde el primer momento en que abrió sus pequeños ojos cautivó al mundo que la rodeaba. El esplendor de su mirada solamente era igualado por su belleza, que parecía no ser de este mundo. Si no hubiese sido concebida por madre humana, yo tampoco hubiese creído que la pequeña princesa pudiera pertenecer a nuestra raza. Todos en el reino se alegraban por el nacimiento del retoño de los soberanos, no había persona que no estuviera presente aquel día y no había copa que no brindara en su honor. Sin embargo la expresión del monarca parecía más que de alegría, de preocupación. En la iglesia, había escuchado el rumor de que el destino de esta heredera estaba marcado con sufrimiento y que la pequeña criatura estaba destinada a llevar una carga que no muchos mortales pueden aguantar. Claro estaba, en aquel momento y con mis tempranos 14 años de edad, que esos rumores no tenían mucho sentido para mí, al menos no hasta el día en que miré los ojos de la princesa por última vez.
Conforme pasaron los años la niña se convirtió en una joven, y la joven parecía estar bendecida por los mismos dioses. Una belleza sin par construía su refinado cuerpo, una voz cuyo tono hacía creer que te encontrabas en un sueño cada vez que ella articulaba palabra, y sus ojos, parecía que hipnotizaran a quien la mirara. Gozaba de una inteligencia singular envidiada por muchos de los mejores magos del reino. Podría haber sido la mejor hechicera, pero su madre, la reina, quería que fuera sacerdotisa. A mis 24 años de edad, siendo un joven sacerdote, me fue asignada como aprendiz en la iglesia, fue allí cuando la vi por segunda vez desde su nacimiento, Diámora era ahora una joven de 10 años de edad, inquieta y alegre, demasiado para convertirse en sacerdotisa, sin embargo sus aptitudes la hacían excelsa en lo que fuera que practicara y las artes clericales no fueron la excepción.
Al principio tuve ciertos problemas para controlar sus rebeldías, de cierto modo comprendía que para ella esto había sido impuesto por su madre y que no le había quedado más elección que acatar las órdenes de su reina, pero poco a poco, conforme iba conociendo las estancias y a la gente que allí habitaba, su mundo comenzó a cambiar, se convirtió en una acólita ejemplar. Sus maneras eran tan refinadas que no dejaba espacio para el error, su disciplina y devoción, hacia el conocimiento y la sabiduría, la hacían brillar entre el resto de los acólitos, su poder con la magia divina solo era igualado por su compasión por la gente. No cabía duda que la princesa se estaba convirtiendo en el orgullo de los soberanos, y el mío también como su mentor.
(continuará...)
Conforme pasaron los años la niña se convirtió en una joven, y la joven parecía estar bendecida por los mismos dioses. Una belleza sin par construía su refinado cuerpo, una voz cuyo tono hacía creer que te encontrabas en un sueño cada vez que ella articulaba palabra, y sus ojos, parecía que hipnotizaran a quien la mirara. Gozaba de una inteligencia singular envidiada por muchos de los mejores magos del reino. Podría haber sido la mejor hechicera, pero su madre, la reina, quería que fuera sacerdotisa. A mis 24 años de edad, siendo un joven sacerdote, me fue asignada como aprendiz en la iglesia, fue allí cuando la vi por segunda vez desde su nacimiento, Diámora era ahora una joven de 10 años de edad, inquieta y alegre, demasiado para convertirse en sacerdotisa, sin embargo sus aptitudes la hacían excelsa en lo que fuera que practicara y las artes clericales no fueron la excepción.
Al principio tuve ciertos problemas para controlar sus rebeldías, de cierto modo comprendía que para ella esto había sido impuesto por su madre y que no le había quedado más elección que acatar las órdenes de su reina, pero poco a poco, conforme iba conociendo las estancias y a la gente que allí habitaba, su mundo comenzó a cambiar, se convirtió en una acólita ejemplar. Sus maneras eran tan refinadas que no dejaba espacio para el error, su disciplina y devoción, hacia el conocimiento y la sabiduría, la hacían brillar entre el resto de los acólitos, su poder con la magia divina solo era igualado por su compasión por la gente. No cabía duda que la princesa se estaba convirtiendo en el orgullo de los soberanos, y el mío también como su mentor.
(continuará...)
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