diciembre 14, 2011

Conceptos de personaje: Eligos

Background:
Este monólogo relata un poco de la historia de uno de los villanos del mundo que voy creando. Dio la casualidad de que al igual que como una vez fue Daeryn un personaje de MMORPG, éste también lo es. El fragmento será parte de un posible capítulo dentro de la historia principal, llamado "Gélido corazón del invierno".

Una historia del tipo "spin off" sobre uno de mis personajes de World of Warcraft, más que un personaje, un concepto. Caballeros de la muerte, según cuenta la historia, dichos alguna vez fueron héroes que por azares del destino vieron su senda oscurecida por el mal. Durante todo mi tiempo explorando el mundo de la fantasía épica, he podido darme cuenta de que no existe triunfo más grande para la maldad que la caída de un alma virtuosa. En un determinado momento, por esas casualidades de la vida, le llamé Eligos. El texto original me animé a escribirlo en inglés, aquí está su traducción.

No puedo recordar a mi antiguo ser. Ni siquiera su nombre. Sin embargo recuerdo el amargo sentimiento que me llevó finalmente a la oscuridad, que me llevó al mal. ¿Una traición, quizás?, mas no puedo recordar si provino de otro ser o de mí mismo. Todo lo que era, ahora es como si hubiese sido un sueño imposible de recordar, y todo lo que soy ahora, parte de una retorcida pesadilla. Siento como si un fragmento de mi realidad hubiese sido extirpado de mi ser, aun así, el sentimiento me brinda algo parecido al descanso. Fui bautizado con el nombre de uno de los duques, Eligos. Vaya si no es un honor que se me haya otorgado un nombre de semejante estatura, pero al mismo tiempo uno tan vil, para permanecer deshonrado por la eternidad. Como si mi antiguo ser ya no existente, lo negara con desesperación. Desgraciadamente ahora soy esto y no puedo hacer nada para volver atrás. Ya no hay amor, ya no hay esperanza, ya no hay más fe. Todas y cada una, inútiles ilusiones para los seres débiles. Sólo existen las acciones, difícilmente llamadas justicia, a veces llamadas destino. Éso es lo que soy ahora, justicia, como el invierno implacable que renueva a la tierra de todo lo que no merece vivir en ella. Éso es lo que llevaré a cabo, destrucción, despiadada y justa destrucción, de todas las cosas que nunca debieron haber existido y cuando las haya erradicado a todas, terminaré con la existencia de aquella última que jamás debió haber sido parte de este mundo; Eligos, el caballero de la muerte.

Choque de miradas, cruce de corazones (rev. 3)

A pesar del intenso sol que enceguecía su mirada, contemplaba a la muchacha como si de la más hermosa criatura se tratara. Su majestuosa figura parecía estar energizada por el mismo sol que nublaba a Zyndarius la arrobadora imagen. La joven permanecía erguida con la mirada perdida en el horizonte, apoyando uno de sus pies sobre un desnivel en el borde de la cubierta del barco. Calzaba puntiagudas botas de caña larga y taco medianamente alto. Sobrepasaban por poco sus rodillas hasta terminar holgadas. El material del cual estaban hechas parecía ser cuero de animal, pero era algo más extraño, oscuro y al mirarlas causaban a Zyndarius la impresión de ver algo similar a las nubes del cielo moverse en una noche sin luz alguna. Justo después de sus botas mostraba unos mulsos anchos y tonificados, vestidos por unos pantalones de tela marrón, ajustada perfectamente a su atlética figura. El fin de una exquisita costura, de telas entretejidas en intrincados patrones, componía una blusa blanca y holgada que cubría lo que continuaba después. Abrazada estaba su cadera por un grueso cinturón, que parecía hacer juego con su hermoso cuerpo. Zyndarius no podía discernir el material del cual estaba hecho, mas era de un brillante color negro, su contorno terminado por un hilo de plata que denotaba un acabado sin precedentes y la hebilla, caída hacia un costado de la joven, estaba adornada con una gran piedra verde que brillaba como si contuviera un fragmento de fuego en ella. Mientras la mirada de un embelesado Zyndarius ascendía por el cuerpo de la muchacha, se encontraba con el resto de la blusa, un poco más ajustada cubriendo espalda, vientre y un abdomen que era continuado por un prominente busto que daba paso a un escote, enseñando la hermosa tez clara de la joven. Sus manos, entrecruzadas y apoyadas en la baranda del borde de la cubierta, daban paso a sus brazos, desnudos hasta poco menos que los codos para ser cubiertos por las blancas telas de la blusa que vestía. Su cuello estaba adornado por una hermosa y fina gargantilla de la cual colgaba una diminuta figura de una flor hecha de plata. Alzando un poco más la mirada, llegando a su rostro inmediatamente caía una frondosa melena de cabello castaño que bailaba al son de la briza marina. Zyndarius no sabía si su debilitada vista lo traicionaba o se encontraba inmerso en una bella ilusión, pero los ondeantes cabellos expuestos a la luz del sol parecían convertirse en hilos de fuego. Sin noción del tiempo que llevaba contemplándola, Zyndarius se encontró mirando a los ojos de la joven. De pronto esos hermosos ojos pardos cambiaron de horizonte al elfo oscuro que yacía sentado en otra parte de la cubierta, arropado en mantas cubriéndose del sol de forma evidente. Perplejo quedó cuando la figura de la muchacha apareció a uno de sus costados de forma casi instantánea. ¿Cómo lo había hecho? Zyndarius no encontraba respuesta. Quizá sus disminuidos sentidos durante el día le dieron a ella la ventaja. Y su estado, casi en un trance hipnótico. El joven elfo no pudo evitar sentirse avergonzado, mas había permanecido mirándola fijamente a los ojos. Incluso estando ella tan cerca de su propio rostro. A pesar de estar manteniendo ella el contacto visual directo, Zyndarius se percató de que la aquejaba en cierta medida, el movimiento de sus cejas y pestañidos parecían desaprobar la impertinencia del elfo oscuro. Sin embargo la joven le sonrió y dijo


--Te vi.
--No sé qué decir Silafin --Zyndarius respondió con dificultad y continuó-- yo...
--Tienes unos ojos bonitos --lo interrumpió Silafin-- Son ojos de humano.

Zyndarius permanecía en silencio, sin habla.
--¿Te hacía daño? --preguntó de pronto.
--Un poco --la joven le respondió.
--Lo siento, no era mi inten... --antes que Zyndarius terminara de articular las palabras Silafin lo interrumpió nuevamente-- Me gusta, me gusta que me mires así.

Zyndarius le sonrió algo avergonzado. Como si se tratara de un joven enamorado, enamorado por primera vez en su vida.