agosto 22, 2009

Nexo entre el ser y la creación ~ Behriam




Nexo entre el ser y la creación ~ Behriam



No recuerdo nada del paisaje, tampoco del camino, pues era demasiado joven para discernir qué era lo que sucedía y mis ojos, aún no se abrían a lo que lamentablemente sería el mundo cruel que me recibiría. Recuerdo bien, sin embargo, el sonido aterrador de los truenos que azotaban los cielos con toda la ira que pudiese haber sentido yo, en estos momentos en que cuento mi historia, de no haber sido acogido por las personas a las que ahora llamo, maestros. Percibía también el sonido de las gotas de lluvia que golpeaban una tras otra la capucha de quien parecía, ser la persona que me entregaría al destino. Me llevaba envuelto en un pañal y cubierto con una manta, me cargaba como una madre carga a su hijo, mas con intenciones que yo jamás conocería.
Recuerdo que ascendíamos por lo que parecía ser un camino montañoso, la mujer que me llevaba en brazos tenía se encontraba con numerosas dificultades para continuar el apresurado paso que su cometido demandaba. Pasado un tiempo, del cual yo no tenía conciencia alguna, la mujer se detuvo de pronto. Me sostuvo contra su pecho con un solo brazo y con el otro creí escuchar que golpeaba una portón de madera. Pasamos unos minutos bajo la incesable lluvia y mi protectora, en ese entonces, no se detenía en su llamado. Golpeaba la puerta una y otra vez en busca de lo que parecía ser una salida de todo esto. Yo no paraba llorar asustado por el sonido espeluznante del enfado de los cielos. De pronto, se escuchó que la cerradura de la puerta se abría lentamente. El pesado portón se abrió y dio paso a mi apresurada portadora. Sentía cómo su corazón latía fuertemente junto a mis jóvenes e inocentes oídos. Dejé de escuchar el sonido de los truenos y una presencia, que con el tiempo conocería mucho mejor, invadió las estancias en las que nos encontrábamos llenando todo de paz y tranquilidad. En ese momento, caí presa de un sueño acogedor y sólo unas palabras pude recuperar de mi mente.

“Su futuro no está conmigo...”

Esa fue la última vez que supe de quien los monjes llamaron, mi protectora.

Con el paso del tiempo fui abrazando los ideales y disciplinas que los maestros impartían a todos sus estudiantes. Se nos enseñaba que la plenitud del ser se encontraba elevando el estado de la mente, el cuerpo y el espíritu. Que el ser prescindía de todo aquello que no estuviera en el orden del cosmos.
No pasó mucho para que me convirtiera en un estudiante ejemplar. Mi humildad y paz interior resultaban un elemento crucial en el duro aprendizaje que suponía ser un iluminado. Con los años venideros fui capaz de elevar mi conciencia, y con la ayuda de los maestros, entender y aprender de lo que había sido mi senda hasta ese momento. Desde aquel entonces entendí que los caminos en el viaje de cada ser eran el trazo que, guiado por nuestra sabiduría, dibujaba en la creación quiénes éramos.
Durante toda mi juventud estudié las artes milenarias y aprendí mucho para mi corta edad, como el maestro Wai Ying siempre me decía. El sabio anciano me repetía cada vez que podía.

“Cuando comienzas el camino, de edad prescindes, tanto física como espiritualmente y sólo queda tu todo que viaja por la senda”.

Demoré bastante en entender vagamente a qué se refería el maestro y por supuesto, sigo la búsqueda.
A la edad de 17 años abandoné la calidad de estudiante y me honraron con el reconocimiento de monje. Pasados unos meses desde el acontecimiento los estudiantes más jóvenes acudían a mi en busca de consejo y guía para acercarse a la iluminación. Quizás era un responsabilidad para la cual, en ese entonces, no estaba preparado. Sólo lo sabrán los grandes poderes que así, esa tarea me asignaron. Conforme trataba de guiar a mis iguales comencé a darme cuenta de que parte de mi estaba perdida, de que una parte de mi sentía que algo faltaba. Alarmado, en primera instancia, acudí a mis ancianos maestros y consulté por guía. Juntos iniciamos una plática y comenté lo que me sucedía. Muchos de ellos se veían pensativos, y otro simplemente guardaban silencio tratando de figurar la complejidad de lo que a su joven colega le sucedía. Uno de ellos, a quien podría llamar mi mentor, dirigió unas palabras a mi.


“Hablas de dos energías cósmicas que se complementan, pero que a la vez son una y la otra. La plenitud de tu ser no está solamente logrando la iluminación asilado de la creación, sino junto a ella, y por eso, debes emprender una marcha, un largo viaje que te ayudará a descubrir qué es lo que hace falta. Recuerda... el camino a la verdad no es único, y tú ya has elegido el tuyo. Vé con sabiduría y confía en tu voluntad, que amparada por la esperanza, te enseñará el camino”.

Fueron sus últimas palabras, un tesoro que nunca olvidaré.
En el instante en que terminaba de hablar, cerró sus ojos y con una sonrisa pareció desvanecerse, pero todos los allí presentes sabíamos de qué se trataba. Un hermano había comenzado otra parte de su viaje.
Al día siguiente emprendí mi camino, me dirigí a la zona central de la Costa de la Espada, tras tener noticias de que allí, el equilibrio cósmico, estaba fuertemente siendo alterado. Con tan solo un puñado de monedas y las esperanzas de encontrar una guía en mi senda, comencé a marchar con mis hermanos contemplando la partida a mis espaldas.
El silbido de los viento trajo una pequeña hoja a mi vista. Yo, inconsciente en ese momento, no tenía idea de lo que aquello significaba...

(continuará...)

Versión original escrita por Zyndarius, 18 de Agosto 2009.

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