En cada enseñanza que nos da el sabio maestro existe un propósito oculto. Al descubrirlo, encontramos la sabiduría. Es por ello que resulta particularmente difícil descubrir el propósito. Si el sabio maestro se ve forzado a exponer el propósito, significa entonces que aún se es un necio aprendiz.
Experimento personal con el fin de compartir reflexiones, pensamientos y también creaciones de un mundo de fantasía, que a veces no lo es tanto.
octubre 16, 2020
julio 19, 2019
De la maestría en la transmutación
El mago versado sabrá transmutar el yin en el yang, y el yang en el yin. En el momento correcto, en la medida correcta, por la causa correcta.
junio 15, 2017
El Foco del Maestro
Nimestria dirigió una mirada a Zyndarius y le dijo, como si de un maestro a su alumno se tratara:
"Esto no se trata de quién tiene más armas, ni quién tiene las mejores, sino de quién sabe usar mejor las que tiene. Recuérdalo siempre."
"Esto no se trata de quién tiene más armas, ni quién tiene las mejores, sino de quién sabe usar mejor las que tiene. Recuérdalo siempre."
octubre 15, 2016
The Rebirth
Remember...
whenever you fall...
take a deep breath...
gather back your strengths...
stand up...
once again...
take your time...
recover your faith...
recover your conviction...
believe in the power of your will...
and...
rebirth.
whenever you fall...
take a deep breath...
gather back your strengths...
stand up...
once again...
take your time...
recover your faith...
recover your conviction...
believe in the power of your will...
and...
rebirth.
septiembre 20, 2016
Reflexiones: El Camino
El miedo
abandona el miedo y abraza la vida
que está frente a ti.
No dejes que la culpa nuble el placer de existir,
de saber que estás vivo.
No te avergüences de quien eres,
acepta tus virtudes y fallas,
son la combinación perfecta que da origen
a un ser único.
Comprende que el dolor es solo el amor
que se ha extraviado de su senda,
aprende a transmutar su energía,
llénate de ella y brilla
Calla las mentiras que impiden que tu sonido resuene
en armonía con el todo,
así descubrirás sus palabras verdaderas,
las palabras de la creación.
Disipa ese mundo de ilusiones
que te han enseñado como verdadero,
libérate de la prisión de los egos y podrás ver al fin
ese mundo cierto
en él, todos somos el uno
y el uno somos todos.
Deja que las falsas coronas
caigan de sus reyes fatuos,
florece como el más sublime de los brotes,
rompe toda cadena que te aprisiona al mundo material
y vuelve una vez más
a ser uno con el todo.
octubre 21, 2015
Un espejo del tiempo
Mirando mi reflejo en un espejo del tiempo, no pudiendo evitar sentirme infantil, inoscente y a la vez un poco ridículo. Aun así recordando con orgullo y satisfacción que aquello fue el agente que construyó la perspectiva desde la cual ahora me reflejo en aquel espejo.
noviembre 09, 2014
Trazos de un ser perdido
Una vez vi las letras plasmadas en ese cuaderno no pude evitar pensar en el pasado, con profunda tristeza. No pude evitar evocar el significado oculto que ellas tenía para mí. Cada una de las letras, cada línea que las construía, eran el reflejo de un alma en armonía, de un espíritu en libertad. Eran la prueba de que alguna vez, ese ser fue una entidad hermosa y no el monstruo que es ahora. Conforme iba leyendo los pasajes veía como antes existía una pureza e ideas que había olvidado, que el monstruo mantiene sepultadas en lo más profundo del abismo que hizo de su corazón. Si bien los escritos contenían todo aquello, eran de una época en que el tiempo en el infierno de los humanos ya había causado daño. En páginas más avanzadas pude darme cuenta cómo la armonía y fluidez de los trazos iban perdiéndose, poco a poco, para dar paso a la gélida prisión que ahora las contiene, junto con todos los demás sentimientos y virtudes que ellas llevaban consigo.
Habiendo visto aquello, recordé la última vez en que escribí de esa forma, con dificultad, con el mismo trazo quebradizo, no obstante, al mismo nivel de plenitud que antes. Lo hice para el único ser que fue capaz de percibir esos significados ocultos, para ese único ser, que ahora está muerto.
octubre 14, 2014
Reflexiones: sin título
Siento que el tiempo de aprendizaje se agota.
Siento que el tiempo de paciencia se acaba.
Temo encontrarme con algo que exija de mi,
una dimensión que no exista,
o más bien dicho,
una dimensión que no pueda alcanzar,
sin las etapas previas.
Siento que el tiempo de paciencia se acaba.
Temo encontrarme con algo que exija de mi,
una dimensión que no exista,
o más bien dicho,
una dimensión que no pueda alcanzar,
sin las etapas previas.
septiembre 11, 2014
Fragmento de "Mensajes y recuerdos"
La muchacha, magullada por la golpiza, yacía tendida en el suelo con sus ojos llorosos y una expresión de desesperación que poco a poco iba siendo reemplazada por la resignación de lo que estaba por ocurrir. Sus gemidos eran asfixiados por la mano que su agresor le tenía en el rostro. Forcejeó inútilmente, solo para ganarse un puñetazo más en el estomago que terminó haciéndola perder el conocimiento mientras su atacante desgarraba sus ropas.
De pronto una hoja metálica perforó la espalda del agresor y se asomó por su pecho. La expresión lasciva en su rostro cambió a una de asombro mezclado con agonía mientras el acero lo alzaba lentamente, alejándolo de la muchacha semi inconsciente que con dificultad iba recuperando un poco de conocimiento. El hombre solo reaccionó deteniendo el extremo de la hoja con su mano desnuda en un intento fútil de detener su inminente ejecución. Acompañada de los quejidos del moribundo hombre, la hoja metálica cambió a una orientación vertical y con un rápido abanicar cortó su cuerpo por la mitad. La muchacha, tendida en el suelo, tosía aún atontada buscando aire fresco. Sus ojos llorosos divisaron algo de apariencia mucho peor que su anterior agresor. Como si las sombras hubieran cobrado vida, la oscura figura de un hombre yacía frente a ella. La contemplaba con una expresión gélida y unos ojos inyectados en sangre. Dio lentamente un paso hacia ella, y otro más, hasta quedar de pié a uno de sus costados y su espada apuntando al rostro de la joven. La muchacha había recuperado el aliento pero permanecía en el suelo sin saber si sentir alegría o temor. La figura tomó la hoja metálica y la empuñó al revés extendiendo su brazo para quedar apuntando al cuello de la chica. Resignada, la joven iba lentamente cerrando sus ojos mientras recorría el rostro del que parecía ser su ejecutor. Antes de cerrarlos por completo divisó una expresión extraña en aquel semblante ahora de ojos cerrados y como si leyera sus labios entendió una sola sentencia:
"Perdóname"
Al mismo tiempo su puño soltó la espada que caía dirigida a la garganta de la muchacha. El silencio solo permitió a la figura escuchar todavía los latidos del corazón de la joven. Con una expresión de extrañeza abrió sus ojos para mirarla. Ambas manos de la chica sostenían la espada fuertemente, como si el dolor de los cortes no significara nada. La muchacha, mirándolo fijamente, articuló un susurró:
"Quiero vivir"
La figura le contestó preguntando:
¿Qué te da la fuerza para seguir aún cuando tu dios te ha abandonado?
La joven le regaló una sonrisa y respondió:
"Mi dios no me ha abandonado, un ángel como tú es prueba de ello"
Zyndarius se estremeció.
De pronto una hoja metálica perforó la espalda del agresor y se asomó por su pecho. La expresión lasciva en su rostro cambió a una de asombro mezclado con agonía mientras el acero lo alzaba lentamente, alejándolo de la muchacha semi inconsciente que con dificultad iba recuperando un poco de conocimiento. El hombre solo reaccionó deteniendo el extremo de la hoja con su mano desnuda en un intento fútil de detener su inminente ejecución. Acompañada de los quejidos del moribundo hombre, la hoja metálica cambió a una orientación vertical y con un rápido abanicar cortó su cuerpo por la mitad. La muchacha, tendida en el suelo, tosía aún atontada buscando aire fresco. Sus ojos llorosos divisaron algo de apariencia mucho peor que su anterior agresor. Como si las sombras hubieran cobrado vida, la oscura figura de un hombre yacía frente a ella. La contemplaba con una expresión gélida y unos ojos inyectados en sangre. Dio lentamente un paso hacia ella, y otro más, hasta quedar de pié a uno de sus costados y su espada apuntando al rostro de la joven. La muchacha había recuperado el aliento pero permanecía en el suelo sin saber si sentir alegría o temor. La figura tomó la hoja metálica y la empuñó al revés extendiendo su brazo para quedar apuntando al cuello de la chica. Resignada, la joven iba lentamente cerrando sus ojos mientras recorría el rostro del que parecía ser su ejecutor. Antes de cerrarlos por completo divisó una expresión extraña en aquel semblante ahora de ojos cerrados y como si leyera sus labios entendió una sola sentencia:
"Perdóname"
Al mismo tiempo su puño soltó la espada que caía dirigida a la garganta de la muchacha. El silencio solo permitió a la figura escuchar todavía los latidos del corazón de la joven. Con una expresión de extrañeza abrió sus ojos para mirarla. Ambas manos de la chica sostenían la espada fuertemente, como si el dolor de los cortes no significara nada. La muchacha, mirándolo fijamente, articuló un susurró:
"Quiero vivir"
La figura le contestó preguntando:
¿Qué te da la fuerza para seguir aún cuando tu dios te ha abandonado?
La joven le regaló una sonrisa y respondió:
"Mi dios no me ha abandonado, un ángel como tú es prueba de ello"
Zyndarius se estremeció.
septiembre 08, 2014
Lo que ahora veo
Fanatismo, necedad, monotonía, rabia, miedo, intolerancia... eso es lo que veo ahora.
Un ser en equilibrio tiene su cuerpo, su mente y su alma alineadas
transmitiendo la armonía que conlleva a la transformación de las
energías, no fuerza esa transformación en ningún ser, a través de ningún
método. El sabio conoce su paradigma y tiene absoluta convicción en
éste, no necesita repetírselo una y mil veces para saber que es su senda
verdadera. No obstante, a través de su introspección va re
inventándose, convirtiendo el mismo ciclo en algo nuevo cada vez. El
equilibrio entre sus tres dimensiones le permite alcanzar la paz,
abandonando así la guerra interna. Lo que descubre a través de su viaje interno causa que ya no sienta miedo y solo enfrente el peligro
con valentía. Cuanto más madurez alcanza su paradigma, más egos va
dejando atrás. Así entiende y asimila todos y cada uno de los niveles
por los que debe pasar la conciencia, sin juzgarlos, sino brindando su
aprendizaje a quien lo necesite o lo merezca.
julio 31, 2014
El ciclo del día y la noche
Cuando el Tiempo era joven y la Tierra una recién nacida, existía un astro con una energía muy particular. Este orbe la cuidaba y la mantenía envuelta en un manto mágico. En un instante de su existencia el Tiempo cometió un error y corrompió al astro separándole en dos fuerzas opuestas, una brillante y otra oscura, así el Tiempo creó, sin saber, el odio. Desesperado en su error el Tiempo buscó consejo en su madre, la Creación. Ella le dijo que había un experimento gestándose en la Tierra y que podían ocupar parte de él para contrarrestar los efectos de lo que había hecho. Entonces la Creación le dijo al Tiempo "dales un corazón". Así hizo el Tiempo y las dos fuerzas se convirtieron en astros jóvenes, uno fue llamado Sol quién recuperó la mayor parte de la conciencia de su antiguo ser y añoraba su otra parte, llamada Luna, quien se mostraba desconfiada y molesta de la arrogancia del Sol quien no permitía que nadie le alcanzara. El Sol comenzó a buscar desesperadamente a la Luna y ella en su más profundo dolor decidió que si el Sol no abandonaba su arrogancia, jamás podría llegar a ella y comenzó a escapar de él. La joven Tierra fue víctima del primer amor imposible y así nació el ciclo del día y la noche, con el ímpetu del Sol y las lágrimas de la Luna.
febrero 24, 2014
Reflexiones; un pasaje interminable por la mente y el corazón.
Bueno, "las cosas pasan por algo" dicen por ahí. A pesar de que no logre entender, ni mucho menos asimilar, puedo decir que todo esto sirvió sin embargo, para darme cuenta de muchas cosas; siempre existe la posibilidad de quedar como un imbécil, que no me las sé todas, que nunca se puede ser demasiado precavido, esperar es para idiotas, me faltó poder de decisión y por sobre todas las cosas, un reflejo más fiel de mis características positivas. Di lo mejor que pude dentro del límite de la dignidad, pero no puedo sacarme de la cabeza la sensación de que no fue así. Siempre recordándome el tiempo, que hay cosas que no están hechas para ser olvidadas, sólo superadas. Ahora bien, como escribí una vez, ¿tendré suficiente tiempo?
febrero 14, 2014
Cita de un capítulo llamado "Princesa del sol oscuro"
Entonces preguntó a Behriam intrigada--¿Que sucedió con sus ojos?
Behriam respondió --Fueron quemados por una persona muy importante para él.
Una expresión de extrañeza se apoderó del rostro de la muchacha. Antes de que pudiera preguntar algo más, Behriam continuó: --A veces bromea, sin poder ocultar el dejo de tristeza, que sus ojos así sirven bien al propósito, pues la luz jamás volvió a su mirada después de ese incidente.
Behriam respondió --Fueron quemados por una persona muy importante para él.
Una expresión de extrañeza se apoderó del rostro de la muchacha. Antes de que pudiera preguntar algo más, Behriam continuó: --A veces bromea, sin poder ocultar el dejo de tristeza, que sus ojos así sirven bien al propósito, pues la luz jamás volvió a su mirada después de ese incidente.
diciembre 12, 2013
The star we know today
"Legend tells that prior to being the star it is now, in a beginning, the sun could not ignite. Somewhere somehow the immense dark body found something that helped him create the first flame. Rumors tell that it was the last tear of the mother goddess, when she could not withstand seeing her beautiful creation in darkness."
abril 02, 2013
El lobo y la luna
Una vez que, durante un viaje, miraba la luna tras la ventana:
A los cielos dirijo mi mirada y no puedo parar de observarte. Eres lo más hermoso que existe en ese oscuro manto, que sin ti carece de belleza verdadera.
Perplejo permanezco ante tu presencia, sintiéndome yo el invitado en tu dominio, cuando es dentro de mi corazón donde nos encontramos y con sus latidos agitados cada noche es que me avisa de tu llegada.
Me pregunto. ¿Te enfadarás como todas las demás cuando te miro así?
Eres la única que hace que mis ojos brillen de este modo. ¿Será porque tu brillas de igual manera que no te enfadas por mi impertinencia?
Perdóname.
No, condéname, hipnotízame para así no poder despertar de ti, mi hermoso sueño.
marzo 31, 2013
La mirada del olvido ~ Diámora (Parte 5)
Alaridos de agonía golpeaban mis oídos conforme iba recuperando poco a poco el conocimiento. Con dificultad discerní dónde me encontraba, estaba tumbado de espaldas mirando al cielo pétreo de la habitación donde mi visión había comenzado. La intensidad de los quejidos de espanto se hacía cada vez más notoria, de pronto recuperé la lucidez por completo y me di cuenta de que esta vez aquellos gritos no pertenecían a un ninguna visión. ¡Venían del reino, venían de los hogares de los aldeanos, de todas partes por donde el sonido pudiera escapar! Tan rápido como me fue posible me puse de pié y corrí fuera de la estancia. Perplejo quedé a medida que mis ojos recorrían el primer nivel de la catedral, hecho ruinas. Hebras de oscuridad se movían entre las astillas de los bancos como si se tratara de serpientes hechas de sombra. La llamas abrazaban todo lo que mis ojos podían ver y la lluvia del día, tormentoso como ningún otro, era lo único que evitaba que me consumieran a mí también. Sentí un sudor frío en la frente, mis manos tiritaban descontroladas y el escalofrío que recorría mi espalda no me permitía moverme. El estruendo de los relámpagos en el cielo sirvió de bofetada para despabilar. Jamás había presenciado tanta destrucción en mi vida, jamás creí que pudiera existir lo que poco a poco iba asimilando como realidad. Tenía que salir de ahí antes que las llamas me alcanzaran, pero fue tarde, mi túnica ya comenzaba a arder. Reaccioné lo suficientemente rápido como para lograr arrancarla del resto de mis ropajes y corrí hacia el descubierto. Mi dolor solo incrementó cuando vi con horror cómo mi hogar yacía en ruinas, convertido en el campo de una batalla que aparentemente estaba perdiéndose. El reino completo era un baño de sangre, los cadáveres yacían por doquier y así sus seres queridos quienes lloraban y maldecían desconsolados. Acólitos se movilizaban entre las víctimas para socorrerlas pero sus esfuerzos no eran suficientes. Sea lo que fuere que estaba causando esto, no era humano. ¡No podía serlo!
De repente uno de los soldados llamó mi atención.
–¡Padre Liam! ¡Está vivo! –dijo emocionado– por favor padre, debe ayudarnos, es un demonio, un engendró del abismo, todo cuanto mira deja de existir –continuaba desesperado.
–¿Cómo llegó aquí? ¿Dónde está? – pregunté apresurado.
–No lo sé padre, no sé de dónde vino ni cómo llegó aquí –respondió angustiado– al caer la noche la oscuridad cubrió el reino como nunca antes y comenzó la tormenta que aún ruge en los cielos. Sonaron las campanas de batalla de la torre central y los que nos movilizábamos hacía allá pudimos ver cómo la criatura ya estaba en la plaza central, destruyendo todo a su paso –continuó.
–¿La armería, sigue en pie? –le pregunté.
–No señor. –me respondió con la mirada apuntando hacia la torre central.
Hice lo mismo y dirigí mi mirada hacía el horizonte, donde pude distinguir el foco de la batalla. Siluetas de flechas en llamas, cargas de catapultas surcaban los aires. Los cuernos de batalla resoplaban con fuerza. El sonido del metal competía con el estruendo de la tormenta y de los alaridos incesantes. Destellos de una luz verdosa resaltaban en el encuentro y con ellos, los gritos se hacían más y más abundantes.
Como un rayo de esperanza, recordé. ¡Las reliquias de la iglesia! De todas las estancias del reino, si existía una libre de las hebras oscuras sería esa.
–Ve a ayudar en lo que puedas. –dije al soldado mientras corría hacia la cámara de reliquias –yo los encontraré allí tan pronto como pueda– terminé de decirle cuando el hombre sin responder más nada emprendía carrera hacia el frente.
Corrí y corrí y la oscuridad parecía apoderarse de todo, miles de figuras extrañas se formaban de ese manto siniestro. Parecía como si un ejercito de monstruos morara ahí dentro, observando solamente y cuanto más miraba, más podía distinguir sonrisas macabras, disfrutando el cruel espectáculo que nuestra desdicha provocaba.
Al cabo de unos minutos llegué a la cámara. Estaba en pie, libre de esa oscuridad que todo rodeaba. Era una pequeña bóveda, nada ostentosa, pero el poder de sus encantamientos era formidable y evidentemente la mantuvieron protegida. Sentía como la oscuridad me había contaminado a mí también y así también la repulsión de las barreras sacras de la cámara. Tomé unos minutos para poder liberarme de aquella corrupción con unos rezos y así poder ingresar a la estancia. Dentro recordé por lo que venía, armas. Recorrí las vitrinas con la mirada en busca de algo que pudiera servirme para luchar, el miedo parecía calmarse en ese lugar, me sentía cálido y con fuerza, como por acto reflejo llegué junto a la vitrina de un martillo. Completamente dorada, el arma irradiaba un fulgor blanquecino que me llenaba de energía, fue como si el miedo se hubiese esfumado para dar paso al coraje. El escrito de la leyenda decía:
“He aquí a Faen'Gar, la centella dorada. Tesoro de los reyes enanos y puño destructor del velo de las tinieblas.”
Tan pronto lo tomé la sensación se intensificó y el fulgor se hizo uno conmigo. Pasos más allá encontré un escudo que rivalizaba con la belleza de Faen'Gar. Un escudo largo de metal azulino en cuyo centro yacía incrustada una esfera plateada. Su leyenda decía:
“He aquí El Espejo de Ainir, tesoro del pueblo del agua y reflejo del alma del justo.”
Lo tomé conmigo y me apresuré en salir de la estructura. Afuera, el estruendo no cesaba, pero la muerte había tomado parte en el lugar, los alaridos de la gente habían disminuido. Rápidamente me dirigí al foco de la batalla, mientras corría y me acercaba notaba como cadáveres humanoides yacían en el suelo, su aspecto era extraño, daba la impresión de que el tiempo los había castigado de una forma que no había visto antes. Luego me di cuenta de que no solo eran los cadáveres, todo a mi alrededor estaba hecho cenizas, recordaba los lugares donde antes había estructuras magníficas ahora sólo cenizas quedaban.
Al cabo de un rato llegué agitado al portón del castillo, la batalla tomaba parte ahora en la plaza central, la muchedumbre se debatía entre seguir atacando y huir, se escuchaban voces por todos lados. Fue entonces cuando vi a la criatura a unos cuantos metros de donde me situaba. Estaba de espaldas a mí, y los solados la rodeaban por completo, era intensamente bombardeada por proyectiles y flechas pero parecían no afectarla. Era la figura de una mujer, completamente negra como el ébano, su tamaño era considerable, al menos tres hombres de alto, su cuerpo estaba adornado de innumerables fisuras de las cuales emanaba un fulgor color esmeralda. Una cola se movía de un lado para otro cercenando a cuanto obstáculo encontrara en su pasar, parecía más bien una especie de hoja látigo. Se movía a una velocidad impresionante para su tamaño, sus cabellos eran verdaderas hebras de oscuridad, las mismas que había visto antes de llegar ahí.
De pronto una voz me gritó:
–Tomó la vida de los monarcas y la princesa. –era Elior, uno de los capitanes de la guardia.– perdimos al general, seis de los diez capitanes y a muchos hombres. La criatura no se detiene con nada, y su mirada es más poderosa que cualquier conjuro de hechicería que haya visto en mi vida, es como si acabara con la existencia de todo lo que mira. –me decía Elior preocupado cuando un destello de esa luz verde, acompañado de un chillido iracundo de la criatura provocaba nuevamente los quejidos de espanto y agonía que había escuchado desde un comienzo. La criatura aún me daba la espalda, pero distinguía perfectamente como de su rostro emanaba la luz y conforme su vista recorría las tropas estas eran convertidas en la cenizas que había visto antes. Horrorizado vi como se volteaba, por un instante alcancé a ver el resplandor sus ojos antes de cerrar los míos y como acto reflejo me protegí con lo único que podía, mi escudo y mi fe.
–¡Padre Liam!... –fue lo último que escuché decir a Elior.
–¡Elior! –grité– protéjanse, corran... –seguía gritando con todas mis fuerzas, pero era en vano.
Sentía un calor insoportable, como si poco a poco me estuviera quemando, pero estaba vivo, no podía comprender por qué pero todavía estaba vivo. Mantenía mis ojos cerrados y lo único que atiné a hacer fue rezarle a los dioses, que no me permitieran morir antes de acabar con este engendro. El estruendo era ensordecedor, escuchaba gritar a los soldados en desesperación y dolor. Cuando de pronto pude ver, con mis ojos cerrados, pude ver. ¡Era el escudo! Me estaba permitiendo ver atrevés de él y entonces la vi y mi mundo se vino abajo. Era su rostro, eran sus ojos. Eran sus hermosos ojos verdes los que acababan con todo cuanto ella miraba. Paralizado contemplaba su mirada y el resplandor que emanaba. Algo llamó mi atención, sacándome del estupor. En su oscuro rostro, a pesar del encandilamiento, creí notar que lloraba. No tuve más tiempo para examinarla pues ella notó que estaba siendo observada y cargó contra mí con una rapidez sin igual. Sólo tuve tiempo de tensar mis músculos para sostener mis armas y salir disparado hacia atrás. Me había embestido y no pude siquiera reaccionar al ataque. Fui a parar contra otras tropas sobrevivientes. Escuchaba cómo gritaban los hombres:
–¡Cúbranlo, resistió la mirada del engendro! –y los soldados cargaban contra Diámora.
–¡A la carga! –vociferaban los hombres con una moral renovada al ver que aún existía esperanza.
Me costó un momento reincorporarme, pero el tiempo no estaba de nuestro lado y vida tras vida se perdía con cada minuto que utilizábamos. El Espejo de Ainir estaba ardiendo, me costaba trabajo y dolor sostenerlo junto a mí. Pero energías venían de mi otra mano, la que sostenía a Faen'Gar. El martillo comenzó a vibrar como si estuviera furioso. De pronto tuve el impulso de arrojarlo, y con todas mis fuerzas tomé carrera y lancé el arma hacia Diámora. No tuve tiempo de pensar, era ella o mi pueblo, y mi deber era protegerlos a toda costa. Como un rayo dorado el martillo se dirigió hacía su objetivo. El engendró cargaba a toda velocidad contra las tropas y de pronto se produjo el impacto. Fue lo suficientemente poderoso como para hacerla retroceder. Enfurecida ahora y con sus ojos cerrados se disponía a eliminarlos como la vez anterior. Acto reflejo corrí a todo lo que podían mis piernas frente a los soldados, me lancé al piso de rodillas con mi escudo enfrente. El tiempo pareció hacerse más lento conforme veía como los ojos de Diámora comenzaban a emanar nuevamente el resplandor, cerré los míos y recé, recé recordando la magia sagrada más poderosa que conociera. Sentí entonces el poderoso rayo de destrucción que venía contra mí. Solo su fuerza comenzaba a elevarme del suelo. En un instante pensé en los soldados que yacían tras de mí, el escudo me permitió ver que estaban a salvo. No podía creerlo, lo había logrado. Gritos triunfantes resonaban tras de mí. Volví mi atención al frente y pude ver cómo una muralla azulina detenía el resplandor que los ojos de Diámora producían. Me sentí por primera vez aliviado desde que había despertado en todo ese caos. Sentía que podíamos triunfar, pero la ilusión fue efímera. Mientras Diámora cerraba sus ojos, como una pesadilla en vida, de las sombras vi como aparecía una silueta tras ella. Flotaba en el aire y posaba una de sus manos sobre el hombro derecho de Diámora. Era Áruma. De pronto todo cobró sentido. Diámora era ese bebé de la visión y Áruma la había encontrado. Las aflicciones, la pérdida de su vista, su dolor, todo era trabajo de esa maldita. No pude contener la rabia, la impotencia, mis ojos se llenaban de lágrimas y un insoportable sentimiento de fracaso me inundaba. La luz de la luna nos abandonaba y todo se tornaba tinieblas. El rugido de la tormenta era ahora silencio y una voz se escuchaba por todo lados:
–Patéticos –dijo– ¿creyeron que podían trascender su insignificante existencia? –continuaba diciendo la voz mientras dejaba escapar una risotada.– Su mundo está condenado al olvido y su especie sentenciada a las tinieblas. Su princesa es el primero de mis sellos y la condena que les espera. –conjunto se escuchaban las palabras, los soldados exclamaban aterrados.
–¡Esto es una pesadilla!, ¡No puede ser!, ¡La princesa! –decían unos– ¡Vamos a morir!, ¡Todo está perdido! –decían otros.
Las voces se multiplicaban y el pánico se generalizaba.
–¡No puedo ver, estoy ciego!, ¡Ayuda por favor! –continuaban las voces.
Aparentemente el escudo me permitía verlas frente a nosotros, el muro azulino seguía en pie. Me disponía a hablarle a los hombres cuando vi como Áruma me miraba fijamente, llevándose el dedo índice a los labios en un gesto de silencio que instantáneamente me quitó la voz. Traté desesperadamente de gritar pero no lograba emitir sonido alguno. De pronto escuché:
–Ahora mi querida Diámora –continuaba diciendo la voz– enséñales, que hagan lo que hagan están derrotados, muéstrales, que no importa cuanto luchen, sus acciones, su existencia están condenadas –la voz pausó por un instante– !Al olvido! –sus últimas palabras se convirtieron en un grito estridente que fue seguido al instante por un resplandor carmesí. Pude ver como sangre manaba ahora de los ojos de Diámora quien emitía un alarido de una mezcla entre agonía y furia. En unos segundos la barrera azulina que nos protegía fue hecha pedazos y sentí como el fulgor comenzaba a quemarme, incluso estando yo tras El Espejo de Ainir. Nuevamente escuché tras de mí, los gritos de desesperación de lo último que quedaba de nuestro ejercito. Casi no podía soportar las quemaduras, tenía que hacer algo para sobrevivir. Ni la lluvia incesante aplacaba el dolor. El viento soplaba violento nuevamente y los truenos rugían en el cielo.
“No puedo morir...”
Me lo repetía una y otra vez, lleno de ira. Recordé que había arrojado a Faen'Gar anteriormente, lo necesitaba, necesitaba la ayuda del martillo. Trataba de concentrarme para conjurar un rezo, pero el daño se incrementaba, comenzaba a sentir los efectos del resplandor de Diámora y mi cuerpo se hacía lentamente cenizas. El conocimiento me abandonaba y yo sólo pensaba:
“Tengo que salvarla, no puedo morir...”
El resplandor carmesí se había ido. Había logrado resistirlo pero mis heridas eran múltiples, sentía como de todo mi cuerpo manaba sangre y me costaba ya respirar. Abrí mis ojos y miré hacia donde estaba Diámora para ver solamente como se abalanzaba contra mi a toda velocidad.
Las fuerzas me abandonaban, mi corazón latía con dificultad, y mi vista se nublaba. Tenía que hacer algo, de lo contrario este sería mi fin pero sólo un pensamiento ocupaba mi mente:
“Te voy a salvar, tú eres mi redención...”
Haciendo uso de las últimas fuerzas que me quedaban emprendí carrera en dirección a la iracunda criatura. Mientras decía mis plegarias veía como la figura iba llegando a mí. En un último aliento di un salto, con mi escudo enfrente y cerré mis ojos. La visión retornó a través del escudo, podía ver como Diámora saltaba a mi encuentro con sus zarpas extendidas. Por un instante perdí el conocimiento.
De repente uno de los soldados llamó mi atención.
–¡Padre Liam! ¡Está vivo! –dijo emocionado– por favor padre, debe ayudarnos, es un demonio, un engendró del abismo, todo cuanto mira deja de existir –continuaba desesperado.
–¿Cómo llegó aquí? ¿Dónde está? – pregunté apresurado.
–No lo sé padre, no sé de dónde vino ni cómo llegó aquí –respondió angustiado– al caer la noche la oscuridad cubrió el reino como nunca antes y comenzó la tormenta que aún ruge en los cielos. Sonaron las campanas de batalla de la torre central y los que nos movilizábamos hacía allá pudimos ver cómo la criatura ya estaba en la plaza central, destruyendo todo a su paso –continuó.
–¿La armería, sigue en pie? –le pregunté.
–No señor. –me respondió con la mirada apuntando hacia la torre central.
Hice lo mismo y dirigí mi mirada hacía el horizonte, donde pude distinguir el foco de la batalla. Siluetas de flechas en llamas, cargas de catapultas surcaban los aires. Los cuernos de batalla resoplaban con fuerza. El sonido del metal competía con el estruendo de la tormenta y de los alaridos incesantes. Destellos de una luz verdosa resaltaban en el encuentro y con ellos, los gritos se hacían más y más abundantes.
Como un rayo de esperanza, recordé. ¡Las reliquias de la iglesia! De todas las estancias del reino, si existía una libre de las hebras oscuras sería esa.
–Ve a ayudar en lo que puedas. –dije al soldado mientras corría hacia la cámara de reliquias –yo los encontraré allí tan pronto como pueda– terminé de decirle cuando el hombre sin responder más nada emprendía carrera hacia el frente.
Corrí y corrí y la oscuridad parecía apoderarse de todo, miles de figuras extrañas se formaban de ese manto siniestro. Parecía como si un ejercito de monstruos morara ahí dentro, observando solamente y cuanto más miraba, más podía distinguir sonrisas macabras, disfrutando el cruel espectáculo que nuestra desdicha provocaba.
Al cabo de unos minutos llegué a la cámara. Estaba en pie, libre de esa oscuridad que todo rodeaba. Era una pequeña bóveda, nada ostentosa, pero el poder de sus encantamientos era formidable y evidentemente la mantuvieron protegida. Sentía como la oscuridad me había contaminado a mí también y así también la repulsión de las barreras sacras de la cámara. Tomé unos minutos para poder liberarme de aquella corrupción con unos rezos y así poder ingresar a la estancia. Dentro recordé por lo que venía, armas. Recorrí las vitrinas con la mirada en busca de algo que pudiera servirme para luchar, el miedo parecía calmarse en ese lugar, me sentía cálido y con fuerza, como por acto reflejo llegué junto a la vitrina de un martillo. Completamente dorada, el arma irradiaba un fulgor blanquecino que me llenaba de energía, fue como si el miedo se hubiese esfumado para dar paso al coraje. El escrito de la leyenda decía:
“He aquí a Faen'Gar, la centella dorada. Tesoro de los reyes enanos y puño destructor del velo de las tinieblas.”
Tan pronto lo tomé la sensación se intensificó y el fulgor se hizo uno conmigo. Pasos más allá encontré un escudo que rivalizaba con la belleza de Faen'Gar. Un escudo largo de metal azulino en cuyo centro yacía incrustada una esfera plateada. Su leyenda decía:
“He aquí El Espejo de Ainir, tesoro del pueblo del agua y reflejo del alma del justo.”
Lo tomé conmigo y me apresuré en salir de la estructura. Afuera, el estruendo no cesaba, pero la muerte había tomado parte en el lugar, los alaridos de la gente habían disminuido. Rápidamente me dirigí al foco de la batalla, mientras corría y me acercaba notaba como cadáveres humanoides yacían en el suelo, su aspecto era extraño, daba la impresión de que el tiempo los había castigado de una forma que no había visto antes. Luego me di cuenta de que no solo eran los cadáveres, todo a mi alrededor estaba hecho cenizas, recordaba los lugares donde antes había estructuras magníficas ahora sólo cenizas quedaban.
Al cabo de un rato llegué agitado al portón del castillo, la batalla tomaba parte ahora en la plaza central, la muchedumbre se debatía entre seguir atacando y huir, se escuchaban voces por todos lados. Fue entonces cuando vi a la criatura a unos cuantos metros de donde me situaba. Estaba de espaldas a mí, y los solados la rodeaban por completo, era intensamente bombardeada por proyectiles y flechas pero parecían no afectarla. Era la figura de una mujer, completamente negra como el ébano, su tamaño era considerable, al menos tres hombres de alto, su cuerpo estaba adornado de innumerables fisuras de las cuales emanaba un fulgor color esmeralda. Una cola se movía de un lado para otro cercenando a cuanto obstáculo encontrara en su pasar, parecía más bien una especie de hoja látigo. Se movía a una velocidad impresionante para su tamaño, sus cabellos eran verdaderas hebras de oscuridad, las mismas que había visto antes de llegar ahí.
De pronto una voz me gritó:
–Tomó la vida de los monarcas y la princesa. –era Elior, uno de los capitanes de la guardia.– perdimos al general, seis de los diez capitanes y a muchos hombres. La criatura no se detiene con nada, y su mirada es más poderosa que cualquier conjuro de hechicería que haya visto en mi vida, es como si acabara con la existencia de todo lo que mira. –me decía Elior preocupado cuando un destello de esa luz verde, acompañado de un chillido iracundo de la criatura provocaba nuevamente los quejidos de espanto y agonía que había escuchado desde un comienzo. La criatura aún me daba la espalda, pero distinguía perfectamente como de su rostro emanaba la luz y conforme su vista recorría las tropas estas eran convertidas en la cenizas que había visto antes. Horrorizado vi como se volteaba, por un instante alcancé a ver el resplandor sus ojos antes de cerrar los míos y como acto reflejo me protegí con lo único que podía, mi escudo y mi fe.
–¡Padre Liam!... –fue lo último que escuché decir a Elior.
–¡Elior! –grité– protéjanse, corran... –seguía gritando con todas mis fuerzas, pero era en vano.
Sentía un calor insoportable, como si poco a poco me estuviera quemando, pero estaba vivo, no podía comprender por qué pero todavía estaba vivo. Mantenía mis ojos cerrados y lo único que atiné a hacer fue rezarle a los dioses, que no me permitieran morir antes de acabar con este engendro. El estruendo era ensordecedor, escuchaba gritar a los soldados en desesperación y dolor. Cuando de pronto pude ver, con mis ojos cerrados, pude ver. ¡Era el escudo! Me estaba permitiendo ver atrevés de él y entonces la vi y mi mundo se vino abajo. Era su rostro, eran sus ojos. Eran sus hermosos ojos verdes los que acababan con todo cuanto ella miraba. Paralizado contemplaba su mirada y el resplandor que emanaba. Algo llamó mi atención, sacándome del estupor. En su oscuro rostro, a pesar del encandilamiento, creí notar que lloraba. No tuve más tiempo para examinarla pues ella notó que estaba siendo observada y cargó contra mí con una rapidez sin igual. Sólo tuve tiempo de tensar mis músculos para sostener mis armas y salir disparado hacia atrás. Me había embestido y no pude siquiera reaccionar al ataque. Fui a parar contra otras tropas sobrevivientes. Escuchaba cómo gritaban los hombres:
–¡Cúbranlo, resistió la mirada del engendro! –y los soldados cargaban contra Diámora.
–¡A la carga! –vociferaban los hombres con una moral renovada al ver que aún existía esperanza.
Me costó un momento reincorporarme, pero el tiempo no estaba de nuestro lado y vida tras vida se perdía con cada minuto que utilizábamos. El Espejo de Ainir estaba ardiendo, me costaba trabajo y dolor sostenerlo junto a mí. Pero energías venían de mi otra mano, la que sostenía a Faen'Gar. El martillo comenzó a vibrar como si estuviera furioso. De pronto tuve el impulso de arrojarlo, y con todas mis fuerzas tomé carrera y lancé el arma hacia Diámora. No tuve tiempo de pensar, era ella o mi pueblo, y mi deber era protegerlos a toda costa. Como un rayo dorado el martillo se dirigió hacía su objetivo. El engendró cargaba a toda velocidad contra las tropas y de pronto se produjo el impacto. Fue lo suficientemente poderoso como para hacerla retroceder. Enfurecida ahora y con sus ojos cerrados se disponía a eliminarlos como la vez anterior. Acto reflejo corrí a todo lo que podían mis piernas frente a los soldados, me lancé al piso de rodillas con mi escudo enfrente. El tiempo pareció hacerse más lento conforme veía como los ojos de Diámora comenzaban a emanar nuevamente el resplandor, cerré los míos y recé, recé recordando la magia sagrada más poderosa que conociera. Sentí entonces el poderoso rayo de destrucción que venía contra mí. Solo su fuerza comenzaba a elevarme del suelo. En un instante pensé en los soldados que yacían tras de mí, el escudo me permitió ver que estaban a salvo. No podía creerlo, lo había logrado. Gritos triunfantes resonaban tras de mí. Volví mi atención al frente y pude ver cómo una muralla azulina detenía el resplandor que los ojos de Diámora producían. Me sentí por primera vez aliviado desde que había despertado en todo ese caos. Sentía que podíamos triunfar, pero la ilusión fue efímera. Mientras Diámora cerraba sus ojos, como una pesadilla en vida, de las sombras vi como aparecía una silueta tras ella. Flotaba en el aire y posaba una de sus manos sobre el hombro derecho de Diámora. Era Áruma. De pronto todo cobró sentido. Diámora era ese bebé de la visión y Áruma la había encontrado. Las aflicciones, la pérdida de su vista, su dolor, todo era trabajo de esa maldita. No pude contener la rabia, la impotencia, mis ojos se llenaban de lágrimas y un insoportable sentimiento de fracaso me inundaba. La luz de la luna nos abandonaba y todo se tornaba tinieblas. El rugido de la tormenta era ahora silencio y una voz se escuchaba por todo lados:
–Patéticos –dijo– ¿creyeron que podían trascender su insignificante existencia? –continuaba diciendo la voz mientras dejaba escapar una risotada.– Su mundo está condenado al olvido y su especie sentenciada a las tinieblas. Su princesa es el primero de mis sellos y la condena que les espera. –conjunto se escuchaban las palabras, los soldados exclamaban aterrados.
–¡Esto es una pesadilla!, ¡No puede ser!, ¡La princesa! –decían unos– ¡Vamos a morir!, ¡Todo está perdido! –decían otros.
Las voces se multiplicaban y el pánico se generalizaba.
–¡No puedo ver, estoy ciego!, ¡Ayuda por favor! –continuaban las voces.
Aparentemente el escudo me permitía verlas frente a nosotros, el muro azulino seguía en pie. Me disponía a hablarle a los hombres cuando vi como Áruma me miraba fijamente, llevándose el dedo índice a los labios en un gesto de silencio que instantáneamente me quitó la voz. Traté desesperadamente de gritar pero no lograba emitir sonido alguno. De pronto escuché:
–Ahora mi querida Diámora –continuaba diciendo la voz– enséñales, que hagan lo que hagan están derrotados, muéstrales, que no importa cuanto luchen, sus acciones, su existencia están condenadas –la voz pausó por un instante– !Al olvido! –sus últimas palabras se convirtieron en un grito estridente que fue seguido al instante por un resplandor carmesí. Pude ver como sangre manaba ahora de los ojos de Diámora quien emitía un alarido de una mezcla entre agonía y furia. En unos segundos la barrera azulina que nos protegía fue hecha pedazos y sentí como el fulgor comenzaba a quemarme, incluso estando yo tras El Espejo de Ainir. Nuevamente escuché tras de mí, los gritos de desesperación de lo último que quedaba de nuestro ejercito. Casi no podía soportar las quemaduras, tenía que hacer algo para sobrevivir. Ni la lluvia incesante aplacaba el dolor. El viento soplaba violento nuevamente y los truenos rugían en el cielo.
“No puedo morir...”
Me lo repetía una y otra vez, lleno de ira. Recordé que había arrojado a Faen'Gar anteriormente, lo necesitaba, necesitaba la ayuda del martillo. Trataba de concentrarme para conjurar un rezo, pero el daño se incrementaba, comenzaba a sentir los efectos del resplandor de Diámora y mi cuerpo se hacía lentamente cenizas. El conocimiento me abandonaba y yo sólo pensaba:
“Tengo que salvarla, no puedo morir...”
El resplandor carmesí se había ido. Había logrado resistirlo pero mis heridas eran múltiples, sentía como de todo mi cuerpo manaba sangre y me costaba ya respirar. Abrí mis ojos y miré hacia donde estaba Diámora para ver solamente como se abalanzaba contra mi a toda velocidad.
Las fuerzas me abandonaban, mi corazón latía con dificultad, y mi vista se nublaba. Tenía que hacer algo, de lo contrario este sería mi fin pero sólo un pensamiento ocupaba mi mente:
“Te voy a salvar, tú eres mi redención...”
Haciendo uso de las últimas fuerzas que me quedaban emprendí carrera en dirección a la iracunda criatura. Mientras decía mis plegarias veía como la figura iba llegando a mí. En un último aliento di un salto, con mi escudo enfrente y cerré mis ojos. La visión retornó a través del escudo, podía ver como Diámora saltaba a mi encuentro con sus zarpas extendidas. Por un instante perdí el conocimiento.
marzo 29, 2013
Quiebre de la razón, insoportable tentación
Una pequeña composición de índole erótica, espero que sea de su agrado.
Dice así:
El deseo me inunda así como la noche inunda al día.
Tu falta solo sirve de alimento a mi locura, que crece con cada día que pasa.
Las cadenas coartan la libertad de mis manos impetuosas y mis brazos tiemblan abrazados a mi propio ser, tiritando de la tensión que significa tu ausencia.
Mis ojos brillan anhelantes ante la imagen de los tuyos en mi mente ansiosa y una sonrisa se dibuja instantánea en mi rostro ante la posibilidad de contemplarte.
Mi lengua pasea lasciva por mi boca imaginando el contacto suculento de tus labios carnosos.
La exposición deliberada de tu cuello solo hace que mi dentadura se apriete afligida por no poder probarte y tus cabellos, ahí adornándolo, solo me impulsan más y más al delirio.
El contraste entre la sombra y la luz que describe tu figura invita a hundirme en tu aroma y así explorarte, entregándome al éxtasis de tu piel.
El delicado detalle de tus pechos descubriéndose levemente en tu escote es la amalgama perfecta entre paraíso y suplicio.
Y mi mente no puede más, y mi cuerpo no puede más.
Con ansias te imagino, con esperanza te sueño, con ternura te necesito, con frenesí te deseo y con tristeza te imploro.
Dice así:
El deseo me inunda así como la noche inunda al día.
Tu falta solo sirve de alimento a mi locura, que crece con cada día que pasa.
Las cadenas coartan la libertad de mis manos impetuosas y mis brazos tiemblan abrazados a mi propio ser, tiritando de la tensión que significa tu ausencia.
Mis ojos brillan anhelantes ante la imagen de los tuyos en mi mente ansiosa y una sonrisa se dibuja instantánea en mi rostro ante la posibilidad de contemplarte.
Mi lengua pasea lasciva por mi boca imaginando el contacto suculento de tus labios carnosos.
La exposición deliberada de tu cuello solo hace que mi dentadura se apriete afligida por no poder probarte y tus cabellos, ahí adornándolo, solo me impulsan más y más al delirio.
El contraste entre la sombra y la luz que describe tu figura invita a hundirme en tu aroma y así explorarte, entregándome al éxtasis de tu piel.
El delicado detalle de tus pechos descubriéndose levemente en tu escote es la amalgama perfecta entre paraíso y suplicio.
Y mi mente no puede más, y mi cuerpo no puede más.
Con ansias te imagino, con esperanza te sueño, con ternura te necesito, con frenesí te deseo y con tristeza te imploro.
febrero 21, 2013
La despedida
Con un semblante triste miró el viajero, en lo alto de la montaña, lo que sería la última imagen del maravilloso mundo que lo vio convertirse en lo que era ahora. Acompañando las lágrimas que manaban de sus ojos el mundo parecía responderle y así comenzó a llover, cómo si ambos se despidieran y supieran que no habría retorno una vez él hubiera entrado en el portal. Alzó sus manos para sacarse la capucha, cerró sus ojos y dio frente a los lluviosos cielos de Gaea. Pasó un rato sintiendo el rocío revitalizante, mientras dejaba que sus lágrimas se perdieran en su empapado rostro. Dio media vuelta entonces y emprendió lento caminar hacia el portal. Una de las míticas entradas a Abis'Ahr, plano dominado por Áruma y reino de los diablos, yacía frente a él. Fue así que el ahora conocido como Maestro de las Cinco Sendas vio por última vez la bella lluvia de su hogar y fue la más hermosa de su vida.
Un pequeño fragmento de historia en honor a mi retiro de World of Warcraft, un mundo e historia maravillosos como muy pocos.
Un pequeño fragmento de historia en honor a mi retiro de World of Warcraft, un mundo e historia maravillosos como muy pocos.
febrero 14, 2013
La historia más bella
La historia más bella de todas,
es aquella que no puedo contar.
La historia más bella de todas,
es la que nunca tuvo lugar.
La historia más bella de todas,
es para ella y nadie más.
La historia más bella de todas,
es ese sueño que quiero atesorar.
La historia más bella de todas,
es el dolor que no logro aguantar.
La historia más bella de todas,
es el daño que no puede sanar.
La historia más bella de todas,
es ella,
solo ella y nadie más.
agosto 05, 2012
La mirada del olvido ~ Diámora (Parte 4)
Por un instante dirigí mi vista hacia la entidad maligna. Me pareció que ella me devolvía la mirada, como si yo fuese uno de los presentes en la escena. Distinguí una sonrisa diabólica en su hermoso rostro. De pronto comencé a escuchar un sonido agudo e ininterrumpido, que cada segundo se hacía más alto, hasta el punto en que mis oídos comenzaron a doler. No pude aguantar más y traté de taparlos pero era inútil, el sonido constante ahora parecía como si torturaran mis tímpanos con agujas. Caí al suelo de rodillas, intentando inútilmente obstruir el lacerante timbre con mis brazos, pero el dolor no mermaba. Sin poder aguantar la tortura por más tiempo, lo último que vi mientras me desplomaba y perdía el conocimiento, fue la figura del Ángel dorado, precipitándose contra la silueta maligna, a quien ahora escuchaba carcajear.
Lentamente abría mis ojos de nuevo. Recuperada la conciencia, distinguí un escenario que nunca más olvidaría. Desde lo alto de una cima que parecía no tener principio podía contemplar la infinidad hasta la que se extendía el mundo, y en él, repartidas las siluetas de 11 entidades gigantescas destruyendo, arrasando con todo lo que se anteponía en su paso. Eran verdaderos precursores de la destrucción de la vida, no había lugar donde mis atormentados ojos miraran que no mostrara muerte y desolación.
Quebrando mi estupefacción las risotadas de una mujer atrajeron mi mirada hacia lo que parecía el final de un enfrentamiento entre el Ángel dorado y la mujer siniestra que ahora lucía la forma de una sombra alada. Inconscientemente comencé a acercarme al lugar donde ambas se situaban y pude entender las palabras que intercambiaban.
–No puedo creerlo, no puedo creer que mi hermana esté haciendo esto. –decía la figura del Ángel dorado, agonizante.
–Ella al igual que tú creyó inútilmente que podría oponerse a su naturaleza. –exclamaba la sombra, mientras sostenía al Ángel del cuello con su zarpa izquierda, estrangulándola lentamente, saboreado su sufrimiento de forma sádica.
–¡Bastó una simple fisura en su esperanza para lograr que ella se diera cuenta de quién era en realidad! –continuaba la sombra, gritándole al Ángel.
–Y tú, hermana mía, fuiste la última esperanza de la creación y todas su condenadas criaturas. –espetaba la figura sombría a la convaleciente figura del Ángel que en un último esfuerzo logró articular una palabras.
–No sabes nada Áruma, no has ganado nada. Estás muy lejos de ser victoriosa. Y tarde o temprano vas a encontrar la causa de tu destrucción en tus propias creaciones. –atragantada con su propia sangre, la disminuida figura angelical continuaba dificultosamente– porque el poder que explotas en cada una de ellas, nunca ha sido tuyo...
Un último susurro articulaban los labios del Ángel cuando Áruma acababa con su vida, triturando su cuello antes atrapado en sus garras.
–Silencio basura y conviértete en la última de mis creaciones. –declaraba Áruma, mientras con su zarpa derecha empuñaba una lanza que parecía originarse de su propio cuerpo.
En el instante en que la lanza atravesaba el pecho del Ángel sentí como una onda de pura energía me desplomaba al piso. La expansión de energía fue sucedida por un estallido de luz que me hizo imposible seguir manteniendo los ojos abiertos. Solamente escuchaba la voz de Áruma gritando y maldiciendo a su hermana por lo que aparenmente, no era parte de su plan.
–¡Maldita seas Naeyr! ¡Maldita seas! – repetía Áruma, una y otra vez, mientras chillaba de dolor.
Sentí que el resplandor había disminuido y abrí mis ojos. Frente a mí veía como Áruma comenzaba a ser absorbida por un orbe brillante. Su lanza había desaparecido y su brazo derecho estaba siendo desgarrado de su cuerpo por un vórtice emanado por el orbe. Entre alaridos de dolor y maldiciones trataba de liberarse, pero no lo conseguía. Al mismo tiempo, distinguí entre el estruendo, los llantos de un bebé. Revisé con mi vista la plataforma en que nos encontrábamos, buscando por el origen de esos llantos, cuando vi que la inocente criatura iba flotando por los aires, chillando, siendo arrastrada por el orbe. Rápidamente me puse de pie y corrí a interceptar el rumbo del bebé. Logré alcanzarlo arrojándome al aire pero cuando estaba por atraparlo pasé a través de ella como si yo fuese un fantasma. Recobré la noción de la realidad con lo sucedido. Yo era un espectador en todo lo que estaba sucediendo, lo quisiera o no. Y por lo que podía intuir ahora, esto había ocurrido en una era distinta. Mis cavilaciones cesaron de repente y escuché lo que parecía el susurro de una dulce voz.
–Calma, estás inmerso en los recuerdos de Ilundraed, el mundo predecesor de Gaea. –decía la voz con tono calmo y suave– los pergaminos que encontraste son objetos en cuyo interior el tiempo y las dimensiones son almacenados.
Precipitado respondí con torpes preguntas –¿Quién eres tú?, ¿Qué es todo esto?
–Yo era Naeyr uno de los avatares del concepto supremo y guardiana del orbe de Ilundraed. –su voz parecía desvanecerse conforme las palabras llegaban a mí –No hay mucho almacenado en estos escritos –continuó la voz ya casi imperceptible– Lo que has presenciado fue lo que ocurrió con mi dominio cuando Áruma logró corromper a una de mis hermanas.
–¿Quién es ella?, ¿Quién es Áruma? –interrumpí inútilmente cuando la voz ya se había desvanecido.
Inmediatamente fui abatido por un destello luminoso que me transportó a lo que debía ser otro fragmento del tiempo de lo ocurrido en Ilundraed. Me hallaba situado en la misma cima y veía como Áruma continuaba debatiéndose contra el vórtice generado por el orbe, al mismo tiempo en que la bebé iba flotando por los aires, en dirección al núcleo. De pronto una palabra retumbó por doquier como si toda la creación hubiese sido utilizada para articularla.
–¡Suficiente! –exclamó enfurecida y tajante, una voz que parecía omnipresente.
Un estallido fulgurante entre el vórtice, la sombra y la bebé ya en el centro terminó con el enfrentamiento de poderes. El verdadero avatar de Áruma se situaba erguido en el campo de batalla, si bien lucía imponente y majestuosa, la mujer se notaba definitivamente debilitada. Ni el orbe ni la bebé estaban presentes ya.
–Tus esfuerzos serán en vano hermana mía. –dijo Áruma como si hablará al viento– tarde o temprano recuperaré lo que me has quitado, y con cada paso que de, tus fragmentos serán los míos –guardó silencio un momento y cerró sus ojos como si pensara en algo– Encontraré a la criatura y ella será el primero de mis sellos, donde sea que la hayas ocultado, la encontraré –continuó desafiante mirando a los cielos de un mundo que iba siendo absorbido por absoluta oscuridad– La raza que escogiste es débil y fácil de corromper, tú misma has arreglado tu derrota. –tan pronto terminó de hablar dirigió su mirada hacía mí y de forma instantánea la visión acabó, perdiendo yo la consciencia.
Lentamente abría mis ojos de nuevo. Recuperada la conciencia, distinguí un escenario que nunca más olvidaría. Desde lo alto de una cima que parecía no tener principio podía contemplar la infinidad hasta la que se extendía el mundo, y en él, repartidas las siluetas de 11 entidades gigantescas destruyendo, arrasando con todo lo que se anteponía en su paso. Eran verdaderos precursores de la destrucción de la vida, no había lugar donde mis atormentados ojos miraran que no mostrara muerte y desolación.
Quebrando mi estupefacción las risotadas de una mujer atrajeron mi mirada hacia lo que parecía el final de un enfrentamiento entre el Ángel dorado y la mujer siniestra que ahora lucía la forma de una sombra alada. Inconscientemente comencé a acercarme al lugar donde ambas se situaban y pude entender las palabras que intercambiaban.
–No puedo creerlo, no puedo creer que mi hermana esté haciendo esto. –decía la figura del Ángel dorado, agonizante.
–Ella al igual que tú creyó inútilmente que podría oponerse a su naturaleza. –exclamaba la sombra, mientras sostenía al Ángel del cuello con su zarpa izquierda, estrangulándola lentamente, saboreado su sufrimiento de forma sádica.
–¡Bastó una simple fisura en su esperanza para lograr que ella se diera cuenta de quién era en realidad! –continuaba la sombra, gritándole al Ángel.
–Y tú, hermana mía, fuiste la última esperanza de la creación y todas su condenadas criaturas. –espetaba la figura sombría a la convaleciente figura del Ángel que en un último esfuerzo logró articular una palabras.
–No sabes nada Áruma, no has ganado nada. Estás muy lejos de ser victoriosa. Y tarde o temprano vas a encontrar la causa de tu destrucción en tus propias creaciones. –atragantada con su propia sangre, la disminuida figura angelical continuaba dificultosamente– porque el poder que explotas en cada una de ellas, nunca ha sido tuyo...
Un último susurro articulaban los labios del Ángel cuando Áruma acababa con su vida, triturando su cuello antes atrapado en sus garras.
–Silencio basura y conviértete en la última de mis creaciones. –declaraba Áruma, mientras con su zarpa derecha empuñaba una lanza que parecía originarse de su propio cuerpo.
En el instante en que la lanza atravesaba el pecho del Ángel sentí como una onda de pura energía me desplomaba al piso. La expansión de energía fue sucedida por un estallido de luz que me hizo imposible seguir manteniendo los ojos abiertos. Solamente escuchaba la voz de Áruma gritando y maldiciendo a su hermana por lo que aparenmente, no era parte de su plan.
–¡Maldita seas Naeyr! ¡Maldita seas! – repetía Áruma, una y otra vez, mientras chillaba de dolor.
Sentí que el resplandor había disminuido y abrí mis ojos. Frente a mí veía como Áruma comenzaba a ser absorbida por un orbe brillante. Su lanza había desaparecido y su brazo derecho estaba siendo desgarrado de su cuerpo por un vórtice emanado por el orbe. Entre alaridos de dolor y maldiciones trataba de liberarse, pero no lo conseguía. Al mismo tiempo, distinguí entre el estruendo, los llantos de un bebé. Revisé con mi vista la plataforma en que nos encontrábamos, buscando por el origen de esos llantos, cuando vi que la inocente criatura iba flotando por los aires, chillando, siendo arrastrada por el orbe. Rápidamente me puse de pie y corrí a interceptar el rumbo del bebé. Logré alcanzarlo arrojándome al aire pero cuando estaba por atraparlo pasé a través de ella como si yo fuese un fantasma. Recobré la noción de la realidad con lo sucedido. Yo era un espectador en todo lo que estaba sucediendo, lo quisiera o no. Y por lo que podía intuir ahora, esto había ocurrido en una era distinta. Mis cavilaciones cesaron de repente y escuché lo que parecía el susurro de una dulce voz.
–Calma, estás inmerso en los recuerdos de Ilundraed, el mundo predecesor de Gaea. –decía la voz con tono calmo y suave– los pergaminos que encontraste son objetos en cuyo interior el tiempo y las dimensiones son almacenados.
Precipitado respondí con torpes preguntas –¿Quién eres tú?, ¿Qué es todo esto?
–Yo era Naeyr uno de los avatares del concepto supremo y guardiana del orbe de Ilundraed. –su voz parecía desvanecerse conforme las palabras llegaban a mí –No hay mucho almacenado en estos escritos –continuó la voz ya casi imperceptible– Lo que has presenciado fue lo que ocurrió con mi dominio cuando Áruma logró corromper a una de mis hermanas.
–¿Quién es ella?, ¿Quién es Áruma? –interrumpí inútilmente cuando la voz ya se había desvanecido.
Inmediatamente fui abatido por un destello luminoso que me transportó a lo que debía ser otro fragmento del tiempo de lo ocurrido en Ilundraed. Me hallaba situado en la misma cima y veía como Áruma continuaba debatiéndose contra el vórtice generado por el orbe, al mismo tiempo en que la bebé iba flotando por los aires, en dirección al núcleo. De pronto una palabra retumbó por doquier como si toda la creación hubiese sido utilizada para articularla.
–¡Suficiente! –exclamó enfurecida y tajante, una voz que parecía omnipresente.
Un estallido fulgurante entre el vórtice, la sombra y la bebé ya en el centro terminó con el enfrentamiento de poderes. El verdadero avatar de Áruma se situaba erguido en el campo de batalla, si bien lucía imponente y majestuosa, la mujer se notaba definitivamente debilitada. Ni el orbe ni la bebé estaban presentes ya.
–Tus esfuerzos serán en vano hermana mía. –dijo Áruma como si hablará al viento– tarde o temprano recuperaré lo que me has quitado, y con cada paso que de, tus fragmentos serán los míos –guardó silencio un momento y cerró sus ojos como si pensara en algo– Encontraré a la criatura y ella será el primero de mis sellos, donde sea que la hayas ocultado, la encontraré –continuó desafiante mirando a los cielos de un mundo que iba siendo absorbido por absoluta oscuridad– La raza que escogiste es débil y fácil de corromper, tú misma has arreglado tu derrota. –tan pronto terminó de hablar dirigió su mirada hacía mí y de forma instantánea la visión acabó, perdiendo yo la consciencia.
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